miércoles, 17 de septiembre de 2014

Salsa de tomate casera {Tomate frito}

Hoy vengo con una receta básica, de esas que no deberían faltar en ningún recetario (y, sin embargo, no estaba en el blog) y que muchas veces renunciamos a preparar porque nos parece demasiado complicada, pero que, en realidad, no lo es.
Es más el pensarlo que el ponerse a ejecutarla y da excelentes resultados, nada que ver con las latas que venden. Testado y aprobado hasta por los cachorritos, no os digo más.

El color no es tan rojo como el envasado, dependerá del tipo de tomate que usemos. En esta ocasión eran unos de huerto, el huerto de mi amiga Almudena que me regaló unas verduritas mas buenas...
Os digo una cosa, de ahora en adelante pienso aprovechar los tomates maduros que en mi frutería suelen tener a muy buen precio para preparar esta salsa de tomate y tenerla siemrpe en casa. 
Esta vez no la he envasado porque la cantidad no era excesiva y ha sido hacerla y consumirla casi inmediatamente.


Pues vamos con la receta:
Ingredientes:
  • Tomates bien maduros (aproximadamente 1 kg.)
  • 1 cebolla mediana
  • 50 gr. de aceite de oliva virgen extra
  • 2 cucharaditas de azúcar
  • 1 cucharadita de sal
  • Opcionalmente se puede aromatizar la salsa con hierbabuena, romereo, orégano o alguna otra hierba aromática que sea de nuestro gusto.
Elaboración:

En My cook:
  1. Sofreír el aceite, 2 minutos a velocidad 1, 120º
  2. Añadir la cebolla, 120º, 2 minutos, velocidad 1
  3. Incorporamos los tomates partidos en cuartos, el azúcar y la sal. Programamos 20 minutos, 120º, velocidad 1 y dejamos trabajar.
  4. Una vez finalizado el tiempo, comprobamos la textura de la salsa. Si la queremos más espesa, programamos otros 5 minutos y si la preferimos más fina, pulsamos un par de veces el turbo hasta dejarla a nuestro gusto.
Tradicional:
Hay varias formas de hacerla: se pueden escaldar los tomates antes de freírlos para pelarlos o saltarnos este paso y triturar la salsa después con ayuda de un pasapurés para evitar las pieles.
Estos pasos nos los saltamos con la My Cook porque el turbo tritura de tal manera que ni una pielecilla te encuentras, ¡es genial!
  1. Escaldamos los tomates un minuto en agua hirviendo para pelarlos más fácilmente.
    Los pelamos con cuidado de no quemarnos.
  2. Sofreímos la cebolla con el aceite en una olla de fondo grueso y, cuando empiece a blanquear, añadimos los tomates partidos en cuartos.
  3. Dejamos sofreír, removiendo de vez en cuando para que se vayan deshaciendo. Unos 40 minutos a fuego medio, con cuidado de que no borbotee demasiado; quizá algo mas, hasta que la salsa tenga la consistencia deseada. Podemos triturarlo o pasarlo por el pasapurés después si no nos gusta encontrar trozos, eso ya es totalmente opcional y personal, pero si vamos a optar por hacerlo, podemos saltarnos el paso de escaldar y pelar los tomates.
Ya veis que es sencilla. Un poco laboriosa o, mejor dicho, larga porque tampoco tenemos que estar pendiente de ella absolutamente todo el tiempo, pero merece la pena, de verdad.

¿En cuántos de vuestros platos usáis tomate frito? Pues probad a hacerlo casero y notaréis la diferencia.
Si os aptece, podéis contarme cómo la hacéis vosotros.

¡Feliz miércoles!

lunes, 15 de septiembre de 2014

Patatas bravas al microondas

¿Nos vamos de tapas? 
Está claro que en toda salida de tapeo que se precie tiene que haber una ración de bravas, pero ¿quién sabía que este plato es típico de la gastronomía madrileña? Porque yo, a pesar de haber nacido en Madrid, llevar aquí toda mi vida y haberlas tomado en un sinfín de ocasiones, no tenía ni idea.
Pero parece que sí, que este plato tan famoso y tan extendido comenzó a servirse en algún bar madrileño ya desaparecido (dos de ellos se disputaron durante años su autoría, sin que llegara a quedar clara la paternidad del plato). Y, como toda receta tradicional que se precie, tampoco está clara la receta orignial de la misma, existiendo tantas variantes como cocineros e incluso regiones.
Porque lo que sí está claro es que en Madrid las patatas bravas no se sirven con mayonesa, alioli ni ninguna otra salsa diferente a la salsa brava en si misma. Sé que hay otras regiones en las que sí, pero en Madrid no, así que yo he hecho la receta madrileña.


Y, como ya he mencionado, también en la receta madrileña controversia: hay quien dice que la salsa brava lleva tomate y quien defiende que no, que el color se debe al pimentón. Yo me he unido a esta segunda corriente porque me apetecía hacerla así, sin más. Eso sí, si se llama salsa brava es por algo: ha de ser una salsa picante.

Antes de continuar con la receta, os advierto que me he permitido una pequeña licencia: no he frito las patatas, sino que las he cocinado en el microondas para hacer de esta tapa un plato más ligero, más limpio en su elaboración y mucho más rápido. La salsa se hace en menos de 5 minutos.

Ingredientes:
(sale muchísima salsa, a mí me ha sobrado bastante; se conserva razonablemente bien en el frigorífico durante varios días, pero es un plato para consumir caliente, habrá que calentarla de nuevo después. Podéis reducir las cantidades a la mitad para unas 4 personas)
  • 30 gr. de aceite de oliva (mejor virgen extra)
  • 20 gr. de harina
  • 190 gr. de caldo de cocido (en su defecto, caldo de pollo, de verduras o, incluso agua)
  • 12 gr. de pimentón de La Vera picante y dulce. Lo mezclaremos a partes iguales para una salsa bien picante. Si la queremos un poco menos brava, reduciremos la cantidad de pimentón picante en favor del dulce.
    Yo he usado pimentón La Chinata.
  • una pizca de sal
  • Una patata mediana por persona, un chorrito fino de AOVE y sal.
Elaboración:
  1. Pelamos las patatas, las lavamos y las cortamos en cuadrados irregulares pero más o menos del mismo tamaño. Las disponemos en un bol que pueda ir al microondas, rociamos con un chorro fino de AOVE y sal.
    Tapamos bien con un papel film al que haremos unos agujeros (pocos). También se puede usar una fuente de pirex de las que llevan tapa y cierran bien, más ecológico.
    Metemos en el microondas a máxima potencia durante 5 minutos. Este tiempo deberá aumentar en función de la cantidad de patata que usemos: nosotros hicimos dos patatas medianas.
    Pasados los 5 minutos, destapamos las patatas y comprobamos, pinchándolas, que están tiernas. Si no fuera así, las meteríamos otro minuto en el micro o los que fueran necesarios hasta que las patatas estén bien hechas.
  2. Mientras tanto, hacemos la salsa:
    En un cazo de fondo grueso (porque distribuyen mejor el calor) o en una sartén, echamos el aceite de oliva. Cuando esté bien caliente, pero sin que llegue a humear, añadimos el pimentón y bajamos a fuego medio. Removemos con unas varillas, cuidando de que no se agarre.
    Cuando esté disuelto, incorporamos la harina y mezclamos bien con las varillas, para que no se formen grumos.
    Incorporamos el caldo en 2 o 3 veces, sin dejar de remover, hasta obtener una salsa cremosa.
  3. Disponemos las patatas en un plato y vertemos la salsa por encima. La cantidas, a nuestro gusto.
    (fuente)
Se sirve caliente, recién hecho y ¡a disfrutar! En poco más de 5 minutos, una de las tapas más clásicas de nuestra gastronomía. Seguro que encuentras más versiones entre las que han hecho mis compañeros en el reto "Cocinamos con Reina". Pincha aquí o para verlas.


¿Quieres saber qué otra tapa puedes preparar para acompañar a estas bravas? Te sugiero unas croquetas o unos pinchos. Y una buena compañía, eso es fundamental.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Arroz a la cubana #conunpardehuevosTS

El huevo es un alimento muy práctico y nutritivo que debe formar parte de nuestra dieta habitual. Muy denostado durante mucho tiempo, nos recomendaban no consumir más de 2 a la semana debido al colesterol; recientemente se ha demostrado que, salvo que tengamos algún problema médico y en el contexto de una dieta sana y equilibrada, es saludable incluirlo en nuestra dieta incluso con más frecuencia.

La clara del huevo aporta proteínas de alto valor biológico y muy disponibles para nuestro organismo. De hecho, la proteína del huevo (ovoalbumina) es considerada como patrón de referencia para comparar nutricionalmente las proteínas del resto de los alimentos. Es, de hecho, el único alimento que aporta proteínas totalmente libre de grasas.
La yema sí aporta grasa, aunque son grasas "sanas" y de fácil digestión.

Teniendo el huevo por un alimento sano, desde La cocina typical spanish este mes, bajo el eslógan #conunpardehuevosTS, se ha propuesto elaborar recetas saladas que tengan al huevo como protagonista y aquí está mi aportación.

ARROZ A LA CUBANA #CONUPARDEHUEVOSTS


El arroz a la cubana, a pesar de su nombre, es un plato típico de la gastronomía española que todos hemos comido alguna vez en casa, con una u otra variante. Parece que recibió el nombre al incluír en el plato el plátano frito, aportación de la Cuba colonial que, desde mi punto de vista es todo un acierto y hace de esta comida sencilla un plato de lujo.

Ingredientes:
(por persona)
  • 1/2 vaso de arroz (si es integral, mucho mejor)
  • 1 vaso de agua
  • 1 huevo (o 2, al cachorrito mayor ya hay que darle 2)
  • 1 plátano (o medio si es muy grande)
  • Para la salsa de tomate: tomate, 1/2 cebolla, 2 cucharadas de azúcar
  • aceite de oliva
  • sal
  • 1 diente de ajo
Elaboración:
  1. Vamos a preparar primero lo que más tarda, el arroz. Para ello ponemos en una cazuela de fondo grueso una cucharada de aceite de oliva y el diente de ajo un poco aplastado; sofreímos para que el aceite se aromatice. Cuando esté caliente echamos el arroz, le damos unas vueltas para que todos los granos se impregnen del aceite y añadimos el agua. Volvemos a remover para que los granos queden sueltos, salpimentamos al gusto y dejamos cocer a fuego bajo (pero cuidando de que no pare de cocer) hasta que todo el líquido se haya evaporado, unos 20 minutos.
    Apartamos del fuego, retiramos el ajo y reservamos en la misma olla.
  2. Mientras tanto, preparamos la salsa de tomate.
    Si decidimos hacerla con tomates frescos, los escaldaremos primero para poder pelarlos con facilidad, retiramos las semillas y los ponemos en una sartén con un fondo de aceite de oliva y la media cebolla (triturada o entera; yo la pongo entera para poder retirarla después).
    Según se vayan calentando, irán ablandándose. Entonces los vamos chafando con la cuchara de madera o con el tenedor. Salamos al gusto y añadimos una cucharada de azúcar para corregir la acidez.
    Tapamos, bajamos el fuego y dejamos cocer unos 10 minutos, hasta que el agua se evapore y tenga una textura más bien espesa. Reservamos.
    Cuando la salsa esté lista, podemos pasar por la batidora si la queremos más fina. Reservamos.
  3. Pelamos el plátano, lo cortamos a la mitad longitudinalmente y lo freímos en una sartén con una pizca de aceite de oliva. Deberá estar unos 3 minutos por cada lado, a fuego fuerte, para que quede blandito y ligeramente dorado. Reservamos.
  4. Antes de freír el huevo, montamos el plato, para servir el huevo recién hecho y comerlo calentito. Para ello ponemos en el plato el arroz blanco (se puede usar un aro de emplatar, o no), una o dos cucharadas de tomate frito o más, si es de nuestro agrado y el plátano frito.
  5. Freímos el huevo:
    Truco que me enseñó el papá de los cachorritos hace unos años para evitar que se rompa (si es que hay que aprender de todos): cascamos el huevo en un vaso; al no echarlo directamente en la sartén teniendo cuidado de no quemarnos, es más fácil controlar como lo hacemos para que no se nos rompa, aunque en ocasiones ocurren desgracias, jijiji.
    En una sartén pequeña y en buen estado -imprescindible para que no se agarre y se rompa- colocamos un fondo de aceite de oliva y lo calentamos. Cuando esté bien caliente echamos el huevo; lo dejamos cuajar en la sartén hasta que esté a nuestro gusto. Esto de los huevos es casi como el pedir el café en un bar: tres personas que van, tres cafés distintos que se piden; con los huevos fritos pasa parecido: con puntilla, bien cuajado, clara cuajada pero yema líquida para poder mojar pan, en fin... déjalo a tu gusto, no hay una forma de decir "así se comen los huevos fritos"... ¡se comen como a cada uno le gusten! Incluso puedes hacerlo a la plancha o en el microondas si quieres que tenga menos grasa.
  6. Finalmente incorporamos el huevo frito al plato que teníamos ya casi listo y servimos caliente.
    Se come como cada uno prefiera. A mí me encanta partir el plátano y el huevo y mezclarlo todo con la salsa de tomate y el arroz, ¡¡¡buenísimo!!!
Este sencillo plato es perfecto para que lo preparéis en momentos de apuro: no me ha dado tiempo de ir a la compra, se me olvidó descongelar la cena o, como en mi caso, recién aterrizada de las vacaciones con la nevera desierta.
Y a los cachorritos les encantará, os lo puedo asegurar. 

Pero si tienes ganas de comer huevos y te apetece descubrir nuevas formas de cocinarlos, no tienes más que mirar las suculentas propuestas del resto de los participantes en la iniciativa #conunpardehuevosTS pinchando aquí.


Espero veros en la próxima iniciativa TS.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Noodles con pollo y almendras

Menudo descubrimiento hemos hecho en casa con los fideos chinos.
Hace un tiempo los compré en Lidl para probar y porque los cachorritos estaban empeñados, al verlos en una serie de dibujos, en probarlos. Les encantaron y he de decir que a los papás también. Me parecieron súper versátiles y una pasta muy fácil de preparar al no necesitar cocción, si no simplemente hidratación, así que desde entonces los hemos probado en diferentes versiones.
Esta que hoy os traigo lleva pollo y almendras, todo un clásico de los restaurantes chinos; junto con el poquito de verdura y la pasta, es un plato completo que puede ser plato único para un menú bien rico. Si les ponéis unos palillos chinos conseguiréis que la comida sea, además, un momento muy divertido.


Ingredientes:
  • 1 paquete de noodles (fideos chinos) y una olla con abundante agua
  • 4 filetes de pollo
  • 2 zanahorias
  • 1 cebolla pequeña
  • 150 gr. de almendras crudas
  • 4 cucharadas de salsa de soja
  • 150 ml. de vino blanco
  • aceite de oliva
Preparación:
  1. Limpiamos los filetes de pollo, retirando toda la grasa. Los cortamos en tiras de tamaño más o menos homogéneo y los ponemos en un recipiente en adobo junto con la salsa de soja, la cebolla cortada en tiras muy finas y el vino blanco.
    Deberá estar en adobo al menos una hora. Cuánto más tiempo, más sabroso.
  2. En una sartén con una pizca de aceite de oliva tostamos las almendras a fuego medio y con cuidado de que no se quemen. Retiramos y reservamos.
  3. Pelamos la zanahoria, la cortamos en rodajas gruesas, las salteamos con una cucharada de aceite de oliva en la misma sartén que habíamos usado para las almendras. Con un par de minutos bastará, el objetivo es que quede al dente. Retiramos y reservamos.
  4. Separamos las tiras de pollo del resto de los ingredientes del adobo y los sellamos en la misma sartén. Añadiremos un poco más de aceite si fuera necesario. Cuando el pollo esté doradito por todos los lados, incorporamos el resto de los ingredientes (almendras tostadas, zanahoria salteada, cebolla en tiras y la salsa de soja y vino blanco), comprobamos el punto de sal, rectificamos si fuera necesario y dejamos cocer a fuego medio durante 10 minutos.
  5. Hidratamos los noddles según las instrucciones del paquete. Los que yo he comprado se hacen así: ponemos a cocer una cazuela con abundante agua salada, cuando hierva, apagamos el fuego, echamos los noddles, los dejamos en el agua durante un par de minutos y los escurrimos.
  6. Mezclamos con el pollo y su salsita, servimos y ¡listo!
Como a los cachorritos no les gusta encontrar trozos de cebolla en la comida y a mí no me apetece estar retirando cebolla, antes de incorporarla a la sartén la pasé por la picadora. Eso le da más consistencia a la salsa y los cachorritos se la comieron sin rechistar. Es un truco que uso mucho en mi cocina.

Feliz fin de semana.

P.D. Si os apetece ver más recetas de comida china, podéis elegir estos fideos chinos con verduritas y gambas o este arroz tres delicias ;)

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Bizcocho de yogur y lima en panificadora

Después de varias semanas con el blog cerrado por vacaciones, reemprendo la andadura con una receta dulce para hacernos más llevadera la vuelta al cole.
Los cachorritos aún disfrutan de unos días de tregua, pero sus papás no, así que este bizcocho de lima, fresco y suave a la vez (parece contradictorio, pero no lo es, ya lo veréis) es perfecto para desayunar en la oficina o en casa estos días en los que aún aprieta el calor.

La receta está basada en la de mi amiga Patricia, del blog El trasgu de las galletas. Os recomiendo muchísimo que lo visitéis porque es una estupenda cocinera y una magnífica repostera. Así ha salido de rico el bizcocho.
Pero yo lo he hecho solo con claras de huevo (de ahí el color tan blanquito del bizcocho, aunque es una pena porque en las fotos no se aprecia del todo) porque las yemas las utilicé para hacer el helado de tiramisù; he compensado con un poco más de líquido al añadir el zumo de una lima lo que, además, intensifica su sabor.

Delicioso. No os digo más y os dejo directamente con la receta.


Ingredientes:
  • 1 yogur griego (Patricia lo hace con nata)
  • 1 lima
  • 230 gr. de azúcar
  • 180 gr. de harina
  • 50 gr. de mantequilla
  • 70 ml. de leche
  • 3 claras de huevo
  • 1/2 sobre de levadura tipo royal
  • Para la glasa: azúcar glass y el zumo de media lima.
Preparación:
(la receta está hecha con la panificadora; se puede hacer de forma tradicional,
os lo explico más abajo)
  1. Lavamos bien la lima, rallamos la cáscara -solo la parte verde, sin llegar a la blanca que es la que amarga- y la exprimimos. Reservamos.
  2. Seleccionamos el programa de dulces de nuestra panificadora. Dependerá del modelo. Y la ponemos a trabajar.
  3. Con cuidado de no echar nada fuera de la cubeta, echamos en primer lugar el yogur, el zumo y la ralladura de la lima. Vamos incorporando las claras de huevo una a una para asegurarnos de que se están mezclando bien. A continuación echamos la mantequilla y la leche y después, poco a poco, el azúcar, la harina y la levadura.
    Vigilamos bien que todo se integre correctamente. Si fuera necesario, nos ayudaríamos de una espátula de silicona para conseguir que todos los ingredientes estén bien mezclados.
    Una vez que termine de amasar, podemos quitar la pala amasadora.
  4. Dejamos que la panificadora termine el programa y sacamos la cubeta de la máquina.
    No desmoldaremos el bizcocho hasta que se haya templado un poco, para que no se nos rompa.
  5. Mientras tanto, preparamos la glasa, mezclando el zumo de media lima con azúcar glass (unas 4 cucharadas, hasta que tenga la consistencia de una pasta espesa).
  6. Desmoldamos el bizcocho y, aún caliente, bañamos con la glasa y dejamos enfríar.
¡No dejéis de coger una buena porción de la que lleva glasa "crujiente" por encima!


Observaciones:
Y Si no quieres poner la glasa por encima -no te lo recomiendo, le da un toque súper especial y acentúa aún más el toque cítirico- ten en cuenta que la panificadora no dora los bizcochos, saldrá blanquecino por arriba. Puedes conseguir un efecto más doradito echandole un poco de azúcar moreno unos 10 minutos antes de que finalice el programa y tapando la panificadora durante ese tiempo con un paño de cocina. Echa un vistazo aquí para ver una explicación más detallada.

Y Para hacer este bizcocho sin panificadora, a la manera tradicional, no hay más que mezclar los ingredientes (primero todos salvo la harina y la levadura; cuando estén bien mezclados, incorporamos la harina y la levadura tamizadas si es posible). Se vierte la mezcla en un molde forrado con papel de hornear y se hornea durante unos 40 minutos a 170ºC, hasta que al pinchar con un palito en el centro del bizcocho este salga limpio.

Esta receta aprovecha las claras de huevo sobrante de una receta anterior. Por eso es perfecta para participar en la iniciativa de Marisa, "Reciclando sabores". No dejéis de visitarla para aprender ideas nuevas sobre cómo reutilizar alimentos, los que ella llama "los tristes de la nevera"

¡Feliz vuelta a la rutina!
(qué pereza)


martes, 12 de agosto de 2014

Cerrado por vacaciones

Un año más, Cocinando para mis cachorritos cierra por vacaciones.

Confieso llevar ya un par de días disfrutando, en este caso de la montaña, del Pirineo oscense que tanto nos gusta a los cachorritos y a sus papás. Pero tenía que participar en el reto de La cocina typical spanish, así que dejé programado mi #TSviajero (un delicioso helado de tiramisù que podéis ver aquí) antes de meter el equipaje en el coche.

De modo que me despido hasta septiembre, deseando que paséis un feliz verano, unas muy divertidas vacaciones y que descanséis, toméis el sol siempre con precaución y disfrutéis de la gastronomía del lugar al que hayáis decidido viajar.

Besos y ¡nos vemos a la vuelta!



domingo, 10 de agosto de 2014

Helado de tiramisù para un #TSviajero

Si hay un postre que me gusta es, sin lugar a dudas, el tiramisù. Ya conté aquí mis peripecias italianas en busca de un tiramisù que finalmente sí pude degustar allí. Delicioso. Y en este blog encontraréis también otras recetas de tiramisù menos ortodoxas porque aunque también he hecho en casa la versión clásica, no la he publicado aún en el blog; todo se andará.

Este año me ha dado por los helados. Tampoco es que me haya hecho una maestra heladera en unos meses, pero el helado es una de las cosas que más me gusta del verano (además de las vacaciones, la playa, viajar y un sinfín de cosas más) y he disfrutado mucho haciéndolos. Y comiéndolos, todo hay que decirlo: me voy de vacaciones y dejo el congelador desolado de helados; habrá que rellenarlo a la vuelta...

En fin, que como para este mes de agosto, La cocina typical spanish también proponía salir de viaje y traernos un plato que hayamos adorado de nuestros viajes al extranjero, decidí hacer este helado de tiramisù.
No es nada fácil, como podréis comprobar, fotografiar un helado con 35º a la sombra y eso que este no está siendo el verano más caluroso de la historia. Así que me disculparéis porque se aprecia en el fondo de la copa que empezaba a derretirse y a pedir a gritos que metiera la cuchara y acabara con su sufrimiento.


Ingredientes:
  • 2 yemas de huevo
  • 2 tarrinas de queso mascarpone
  • 250 ml. de nata para montar
  • 2 cucharadas de azúcar invertido
  • azúcar blanquilla
  • 8 o 10 galletas tipo digestive (tradicionalmente, bizcochos savoiardi, pero me quedé sin ellos, sin soletilla ni ningún otro tipo de bizcochos; las galletas dan el pego perfectamente)
  • 1 taza de café expreso
  • 1 cucharada de licor aromático, el que tengamos en casa.
  • Para la versión infantil sustituimos el café y el licor por leche chocolateada.
Elaboración:

  1. Montamos la nata con 2 cucharadas de azúcar. Reservamos en el frigorífico.
    (podéis saltaros el paso de montar la nata o dejarla solo semi montada; lo he hecho de casi todas las formas posibles y lo helados salen igual de ricos)
  2. Mezclamos el queso mascarpone con las yemas de huevo, incorporando estas una a una hasta que quede cremoso. Añadimos el azúcar invertido y mezclamos con la nata montada. Comprobamos el punto de dulzor de la crema y mantecamos.
  3. Para mantecar el helado ya sabéis que existen varias opciones:
    Usar la heladera: vertemos la mezcla en la cubeta de la heladera y dejamos funcionando entre 30 y 40 minutos. Guardamos en el congelador hasta el momento de su consumo.
    Sin heladera: vertemos la mezcla en un bol que podamos congelar y metemos en el congelador. Cada 40-50 minutos lo sacamos y lo batimos con la batidora eléctrica para romper los cristales de hielo y conseguir un helado cremoso. Tendremos que batir 3 o 4 veces.
    (de hecho, este helado está hecho sin heladera porque la mía decidió dejar de girar en el momento menos oportuno y gracias a mis heladeras de cabecera, Amalia y Chus, conseguí sacar adelante esta pequeña delicia)
  4. En ambos casos, como paso final tendremos que mojar las galletas en el café con licor y mezclar las galletas con la crema de helado justo antes de meterlo por última vez al congelador.
    Este punto de galletas con café (o, como os dije antes, con leche chocolateada en la versión infantil) es lo que le da el punto especial para que sepa de verdad a tiramisù helado. No os lo saltéis, en serio. Es una auténtica delicia encontrarte un trocito de estas galletas en una cucharadad de helado.


Consejillos:
 Es mucho más cómodo poner los helados ya terminados en vasitos y congelarlos en formato individual. Sacar bolas de un helado casero es, no digo que misión imposible porque ya véis en las imágenes que se consigue, pero bastante complicado. A mí me resulta mucho más cómodo y práctico usar formatos individuales y sacar del congelador solo la porción que vayamos a consumir. Podemos usar poleras, vasitos, tarritos de cristal o lo que tengáis más a mano, pero individual, mucho mejor.

 Si no tenéis heladera, no renunciéis a hacer vuestros propios helados caseros. Yo llevo varios veranos postergándolo y ahora que me he lanzado descubro que no me hacía casi ni falta. El truco de batirlo cada hora aproximadamente da muy buenos resultados, aunque tiene una pega y es que tienes que estar en casa.

Solo me queda deciros que disfrutéis por el viaje por el mundo que nos propone La cocina typical spanish. Pinchad aquí para ver a donde nos llevan los platos de mis compañeras:


Y desearos, ahora sí, felices vacaciones, viajeras o no.

miércoles, 6 de agosto de 2014

Tarta de queso

Para celebrar que estoy de vacaciones, os voy a regalar un trocito de una deliciosa tarta de queso, no os quejaréis.
Es una de las miles que hice para las múltiples celebraciones de los cumples de los cachorritos y se la copié a mi amiga Isabel (podéis ver la suya aquí), pero yo usé queso sin chocolate porque la quería de queso queso y, además, introduje alguna otra variación que ahora os cuento para que el sabor a queso fuera aún más intenso.
Así que es una tarta con extra de queso.


Ingredientes:
  • 500 ml. de nata líquida
  • 1 vaso de leche
  • 300 gr. de queso tipo philadelphia
  • 1 rodaja de queso de rulo de cabra (esta es la variación que introduje respecto a la receta original porque me quedé corta con la cantidad que aquella pedía)
  • 6 cucharadas soperas de azúcar.
  • 2 sobres de cuajada
  • Mermelada de arándanos, frambuesas, moras o fresas para decorar (aquí podéis ver recetas de mermeladas caseras que os irán de maravilla para esta tarta)
  • galletas para la base, las que más os gusten
  • 2 cucharadas de mantequilla
Preparación:
  1. Primero hacemos la base de galletas: las trituramos junto con la mantequilla en una picadora y forramos con ella el molde que vayamos a usar (podéis ver el paso a paso detallado aquí).
    Reservamos en el frigorífico mientras preparamos el resto de la tarta.
  2. Ponemos en un cazo al fuego la nata, el vaso de leche y el azúcar. Cuando comience a hervir bajamos la temperatura e incorporamos los dos tipos de queso. Removemos bien para que se derritan; incorporamos entonces los dos sobres de cuajada y conservamos en el fuego hasta que llegue de nuevo al punto de ebullición.
  3. Dejamos cocer 2 o 3 minutos sin dejar de remover para que no se agarre y retiramos del fuego.
  4. Dejamos reposar unos 5 minutos para que se temple un poco y vertemos sobre la base de galletas. Dejamos templar y metemos al frigorífico. Debe estar 3 o 4 horas para que cuaje bien, pero de un día para otro los sabores se asientan y está mucho más rica, el sabor a queso será más intenso.
  5. Antes de servir, desmoldamos y extendemos la mermelada por encima; podéis ver la pinta que tiene.


Como es una tarta sin horno de las que, además, están más ricas fresquitas, es perfecta para el verano. Si os gusta el queso, os encantará esta tarta, garantizado.
Os espero con una última receta antes de cerrar el blog el día 10 de agosto, ese día publicamos la nueva receta #TSviajero. Si os apetece participar, pinchad aquí y ved las bases, ¡aún hay tiempo!

sábado, 2 de agosto de 2014

Polos de horchata

Una de las cosas que más me gustan del verano es la horchata.
Pero la horchata rica de verdad, esa que sabe a gloria porque te la tomas en una terracita nocturna con la brisa del mar y con los que más quieres a tu lado. Y preferiblemente en levante, nunca he tomado una horchata buena buena de verdad en ningún otro sitio, qué se le va a hacer, cada uno tiene sus cosas ricas y los valencianos (entre otras, por supuesto) tienen la horchata.
Porque la horchata me sabe a verano, a vacaciones, a playa, a amigos muy queridos, a paseos nocturnos en familia -aunque conocí a un valenciano que me aclaró que los únicos que tomábamos horchata por las noches éramos los madrileños, que los valencianos "de pura cepa" la tomaban para merendar con sus fartons-, por eso quise hacer estos polos de horchata que véis aquí.
La receta la saqué de un blog hiperfamoso, pero me salió fatal, así que la retoqué hasta que quedó a nuestro gusto y os aseguro que salieron unos polos de lo más cremoso y esta vez, ¡¡sin heladera!!
¿Sinceramente? Creo que me decanto por hacer los helados sin ella, aunque todavía estoy en pañales con la maquinita y no la domino del todo, pero he hecho dos (aaaaahhhhh, el otro ya lo veréis, no me seáis impacientes) sin ella que han salido de vicio.

Ingredientes:
  • Un yogur griego
  • 750 ml. de horchata
  • 250 ml. de nata para montar
  • 2 cucharadas de azúcar invertido
  • 2 cucharadas de azúcar normal.
Elaboración:
  1. Montamos la nata junto con las dos cucharadas de azúcar normal y reservamos en el frigorífico.
  2. Mezclamos la horchata con el yogur y las dos cucharadas de azúcar invertido. Cuando tengamos una mezcla homogénea, sacamos la nata montada del frigorífico y la mezclamos con la crema de horchata. Probamos para comprobar si la dulzura es la adecuada a nuestros gustos.
  3. Ahora tenemos que mantecar la crema para que se convierta en helado. Tenemos dos métodos:
    Con heladera: la ponemos en funcionamiento (atención: la cubeta tendrá que haber estado en el congelador al menos durante 24 horas antes de su uso) y vertemos la crema de horchata. Dejamos trabajar a la máquina durante unos 40 minutos.
    Sin heladera: ponemos la crema de horchata en un recipiente apto para el congelador, lo tapamos bien y congelamos. Cada hora o 45 minutos tendremos que sacar la mezcla del congelador y batirla bien con la batidora para romper los cristales de hielo y conseguir así una textura cremosa.
    Repetimos esta operación unas 3 o 4 veces. Después de la última vez que hemos batido la mezcla, rellenamos las poleras sin llegar al borde y las tapamos con esas tapas tan chulis que tienen. Metemos al congelador hasta la hora de consumir.
    A mí me sobró crema (no tenía tantas poleras) que usé para rellenar unos vasitos porque he descubierto que es mucho más práctico congelar los helados en formatos individuales.
Queridos lectores, tengo que anunciaros que para cuando leáis esta entrada yo ya estaré oficialmente de vacaciones, ¡¡¡yupi!!! Todavía estaré unos días en Madrid, pero las entradas que leáis en los próximos días y hasta que cuelgue el cartelito de "cerrado por vacaciones" serán programadas. Andurrearé un poco por facebook (aquí) pero estaré dedicada a descansar, a ponerme morena y a jugar con los cachorritos. Falta me hace.

Feliz finde


martes, 29 de julio de 2014

Pizza de hamburguesa con beicon

Los cachorritos llevan todo el mes de julio de vacaciones con los abuelos, en el campo, disfrutando de piscina, montaña, bicicletas y libertad para ir y venir. Nosotros vamos solo los fines de semana :( y cada viernes llegamos con un encargo diferente: "mamá, tráeme mi cámara de fotos", "papis, no os olvidéis de mis bebés y coleteros para peinarles", "traedme todos los pin y pon".
También encargos gastronómicos, no os vayáis a pensar. Y como allí no tienen horno, el encargo de uno de estos fines de semana fue una pizza porque a mis cachorritos les encanta la pizza casera y a los abuelos también.

Decidí hacerla de hamburguesa porque no he podido dejar de pensar en ella desde que se la vi a mi Romina aquí y sabía que a los cachorritos les iba a encantar porque cuando tienen que elegir cena, sobre todo el mayor, siempre duda entre pizza y hamburguesa. Pues la mezclamos y ya es el súmum.

Así que vamos ya con la receta para que podáis hacerla cualquier día de estos.


Ingredientes:
Para la masa:
  • 300 gr. de harina de fuerza
  • 200 gr. de harina de centeno integral
  • 2 cucharadas de aceite de oliva
  • una cucharadita de sal
  • 1/4 cucharadita de azúcar
  • 10 gr. de levadura fresca de panadero.

Para el relleno:
  • 350 gr. de carne picada de ternera
  • 2 o 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 dientes de ajo
  • sal
  • 150-200 gr. de tomate frito
  • queso rallado del que más nos guste (mozzarella, cheddar, emmental, dependiendo de la intensidad de sabor que prefiramos)
  • 200 gr. de taquitos de beicon
  • ketchup (opcional)

Elaboración:
  1. Lo primero es preparar la masa para dejarla levar durante al menos una hora. Para ello, amasamos todos los ingredientes de la misma. Yo lo hice con la My Cook, función de amasado durante 4-5 minutos y la dejé levar en la misma jarra.
    Se puede usar la panificadora (programa de amasado con o sin levado, dependiendo de la temperatura exterior y de nuestras prisas) o la thermomix.
    Pero también podéis amasar a mano, por supuesto. Para ello formad un volcan con la harina, disolvéis la levadura en el agua y la ponéis junto con el resto de los ingredientes en el interior del volcan. Váis mezclando hasta que la mezcla se convierta en masa y se os despegue con cierta faclidad de las manos.
    Dejamos reposar (tapada con un trapo limpio o con papel film) entre una y dos horas, dependiendo de la temperatura exterior, hasta que más o menos haya doblado su volumen.
  2. Mientras tanto, vamos preparando la carne: ponemos una sartén con las 2 o 3 cucharadas de aceite de oliva a calentar. Cuando el aceite esté caliente echamos los dientes de ajo y sofreímos. Retiramos los ajos e incorporamos la carne. Sofreímos, pero no la hacemos demasiado, no se nos vaya a secar al meterla luego al horno; dejamos algo cruda.
    Reservamos.
  3. Cuando la masa haya doblado su volumen, la volcamos sobre una encimera ligeramente enharinada, amasamos durante un par de minutos para desgasificar y la extendemos con un rodillo hasta que alcance el grosor deseado.
    Tend en cuenta que al hornearse volverá a crecer, no la dejéis demasiado gorda, aunque a mí me gustan las pizzas con la masa "gordita", dependiendo de los ingredientes que le pongamos, claro. Esta, en concreto, queda deliciosa con la masa esponjosa y ligeramente gruesa, como véis en las imágenes.
  4. Sobre la masa ya estirada a nuestro gusto extendemos el tomate frito, el queso rallado, la carne que hemos sofrito y los taquitos de beicon. Podemos echar también unos chorritos finos de ketchup para que sea una hamburguesa en toda regla.
    Al papá de los cachorritos le gusta reservar parte del queso rallado para echarlo de nuevo por encima de los ingredientes y en esta pizza en concreto queda especialmente bien.
  5. Horneamos a 180º durante 40 minutos aproximadamente, hasta que veamos que la masa empieza a dorarse y el queso a fundirse.
  6. Se consume recién sacada del horno, todavía caliente, ¡deliciosa!

Observaciones:
 Con las cantidades que os doy sale una pizza muy grande, del tamaño de una bandeja de horno -cenamos con ella 3 cachorritos y 6 adultos- y a mí me sobró un trocito que convertí en mini pizza. Podéis reducir las cantidades si queréis hacer menos o congelar la mitad. Os garantizo que la pizza descongelada a temperatura ambiente y con un golpecito de grill o de horno justo antes de consumirla queda espectacular. Se congela y descongela siguiendo las indicaciones que di aquí (podéis verlos pinchando en la imagen)


 Se puede sustituir la harina de centeno integral por cualquier otro tipo de harina. O poner los 500 gr. de harina de fuerza normal. A mí me gusta mucho usar harinas integrales no solo por el aporte de fibra a nuestro organismo, sino porque le da a la comida unos matices de sabor diferente, pero es absolutamente opcional.

 Ya sabéis que las pizzas admiten casi cualquier "relleno". Aquí tenéis alguna otra sugerencia, pero usad vuestra imaginación. Y la de vuestros cachorritos: los sábados de invierno se hacen un poco más amenos si les dejamos amasar un rato a su aire, elegir los ingredientes que llevará la pizza de la cena y decorarla a su gusto.

Bon apetit y ¡feliz semana! Que estamos a puntito de coger las vacaciones, ¡yuju!

miércoles, 23 de julio de 2014

Calamares rellenos

Llevaba tiempo queriendo cocinar este plato porque antes hacía con frecuencia chipirones rellenos tal y como podéis ver aquí. Como podéis comprobar las fotos son... ejem, dejémoslo en "de las primeras del blog" y me apetecía cambiarlas y renovar la receta porque realmente merece la pena.
Pero me he topado con un pequeño problemilla y es que últimamente no encuentro en las pescaderías chipirones rellenos (solía comprarlos ya rellenos, con sus propias patitas, a veces también con gambas). Cierto es que son caros, igual se debe a eso.

Así que decidí que ya no podía esperar más y que si no encontraba chipirones, bien podía preparar el plato con calamares y lo cierto es que el resultado ha sido muy muy bueno. Están tiernos, jugosos, sabrosos, ¡¡deliciosos!!
Comprobadlo vosotros mismos.


Ingredientes:
  • 1/2 kg. de calamares no muy grandes
  • 1 puerro
  • 1 tomate maduro
  • 2 dientes de ajo
  • 250 gr. de gambas peladas
  • 2 huevos cocidos
  • 1 vaso de vino blanco
  • aceite de oliva
  • harina
Preparación:
  1. Limpiamos muy bien los calamares, cuidando que no queden restos de la pielecilla interior ni de la espina. Retiramos las patitas y reservamos.
  2. En una sartén con una cucharada de aceite de oliva freímos las patas de los calamares. Reservamos sobre papel absorbente.
  3. Picamos muy finos el puerro y el tomate. Ponemos una sartén amplia con 2 o 3 cucharadas de aceite de oliva y sofreímos primero el puerro junto con los dientes de ajo y, cuando el puerro empiece a ponerse blandito, añadimos el tomate picado. Dejamos cocer 5 minutos a temperatura media. Retiramos y reservamos la mitad del sofrito, procurando retirar la mayor parte del líquido y dejando casi solo sólido.
  4. Añadimos a la farsa que nos ha quedado en la sartén las gambitas peladas. Dejamos que se cocinen y salpimentamos al gusto. Dejamos templar y añadimos los huevos cocidos picados muy finos.
  5. Con la farsa anterior vamos rellenando los calamares, con la ayuda de una cucharita de café. Cerramos cada calamar con un palillo y vamos reservando.
  6. Ponemos al fuego una cazuela de fondo grueso con 2 o 3 cucharadas de aceite de oliva, pasamos los calamares rellenos por harina y freímos por ambos lados hasta que estén ligeramente dorados.
  7. Incorporamos el sofrito que teníamos reservado, ponemos a punto de sal y añadimos el vaso de vino blanco. Dejamos que se evapore el alcohol, tapamos la olla y dejamos cocinar unos 15 minutos a fuego bajo, removiendo de vez en cuando y comprobando la cantidad de líquido para que no se agarre.
Se sirven calientes, solos o acompañados por un poco de arroz blanco. Una pequeña delicia que sí, da un poco de trabajo, pero os aseguro que merece la pena.

Menú sugerido:
De primer plato os voy a sugerir una cremita ligera de coliflor con almendras que podéis dejar preparada con antelación y se puede consumir caliente o fresquita.
De segundo plato tenemos estos riquísimos calamares rellenos. Si os apetece mojar pan en su deliciosa salsita, no os cortéis y coged un cachito de este espectacular pan de pueblo.
De postre, una pieza de fruta, que en verano tenemos deliciosas frutas refrescantes que ya sabéis que nos aportan mucha fibra, vitaminas y líquidos para hidratarnos. Ya tomaremos un dulce para merendar, no os preocupéis.

Buen miércoles.

martes, 15 de julio de 2014

Tarta de café y crocanti

Hoy os traigo otro dulce, otra tarta. Tengo varias esperando su turno; es lo que tiene que los cachorritos y la abuela cumplan años a la par y que, además, celebremos cada cumpleaños varias veces: una hace acopio de tartas para el blog.
Pero la que os traigo hoy se ha colado y no ha esperado su turno, os la comparto antes que ninguna por varios motivos: porque es de café (me encanta el café, pero a parte de esta mousse de café, no tenía nada más en el blog), porque es fresquita, ideal para el verano que ya sí que parece que se ha atrevido a asomar y porque gustó mucho a quienes la probaron el fin de semana pasado.

Así que hoy tengo una tarta es especial para aquellos que os gusta el café. Y si, además, os gustan las galletas mojadas en café, mejor todavía porque la base de galletas hace que al comerla, esta tarta recuerde precisamente a eso, a un café con galletas, pero en versión fresquita, especial para el verano. Su textura suave combinada con el crujiente del crocanti es deliciosa y por eso es una opción perfecta para merendar cuando hace calor.


Ingredientes:
  • 500 ml. de nata líquida
  • 1 vaso de leche
  • 6 sobres o 6 cucharadas soperas de café soluble.
  • 2 cucharadas soperas de azúcar.
  • 2 sobres de cuajada.
  • 1 bolsita de almendras crocanti para decorar
  • 1/2 paquete de galletas, las que más os gusten.
  • 2 cucharadas de mantequilla.
Elaboración:
  1. En primer lugar, tenemos que hace la base de galletas. Para ello ponemos las galletas y la mantequilla en la picadora y trituramos hasta que se deshagan y se conviertan en arenilla. Forramos con esta base el molde elegido. Si es un molde desmoldable de los que no nos gusta sacara a la mesa procuraremos forrarlo previamente con papel vegetal.

  2. Reservamos en el frigorífico mientras continuamos con el resto de la receta.
  3. Ponemos la nata y la leche al fuego; cuando esté caliente pero sin hervir, añadimos el café y el azúcar y removemos para que se disuelvan bien. Cuando alcance el punto de ebullición y siempre sin dejar de remover, incorporamos los sobres de cuajada. Dejamos al fuego medio unos minutos (ojo, no dejamos de remover en ningún momento, para que no se nos agarre al cazo) y apartamos.
    Reservamos hasta que pierda un poco de temperatura.
  4. Sacamos el molde con la base de galletas del frigorífico y vertemos con cuidado la crema de café. Dejamos reposar hasta que se enfríe. Metemos al frigorífico durante unas horas para que, a la hora de servir, esté bien fresquita.
  5. A la hora de servir decoramos con las almendras crocanti.
Como véis es bien facilita, con la ventaja de que se puede (y se debe) dejar preparada con bastante antelación porque es de esos postres que gana puntos con el reposo.
Y deliciosa, como todas las recetas que tuneo de mi amiga Chus porque no os había dicho antes que esta receta está inspirada en otra del blog Para estar por casa. Desde luego es una fuente de inspiración que no debéis dejar de visitar por ningún motivo y hace unos helados para quitar el sentido. Imprescindible.

Espero que os haya gustado y espero también poder traeros una receta que no sea dulce en breve.
Feliz martes,

jueves, 10 de julio de 2014

Clafoutis de cerezas para un #TSviajero

El verano es tiempo de viajar, de conocer otras tierras, otros idiomas, otras culturas. Soy fan incondicional de los viajes; si no tuviera un blog de cocina, creo que tendría uno de viajes.
Lo que pasa es que últimamente viajo menos de lo que me gustaría; motivos económicos, fundamentalmente, qué le vamos a hacer.
Pero internet tiene muchas cosas buenas y entre ellas está que nos permite viajar a recónditos lugares sin salir de casa que no es lo mismo, por supuesto pero si, además, añadimos un plato de la gastronomía típica del país que hemos visitado a través de la pantalla, la cosa ya va cambiando un poco, ¿verdad?
De esta manera yo he viajado a la India, a Suecia (virtualmente antes de hacerlo de forma personal) a China, a Nueva York, y a muchos rincones de la geografía española que tampoco conozco personalmente.

En esta ocasión, La cocina typical spanish también sale de viaje. Durante el mes de julio y el de agosto, meses viajeros por excelencia, se trata de recopilar recetas de otros mundos, platos que nos han gustado de nuestros viajes al extranjero, presenciales o virtuales para hacerlos formar parte de nuestro recetario.

Yo he elegido este clafoutis de cerezas, una tarta francesa originaria de Lemosín, región del centro de Francia. La masa de la tarta es ligera, parecida a la de las crepes, nada pesada, jugosita y muy rica y, tradicionalmente las cerezas se ponen enteras y con hueso, pero yo las he deshuesado porque era para una reunión familiar y no quería ningún diente roto que pudieran echarme en cara.

El nombre de la tarta, procedente del occintano clafotís que significa rellenar, hace alusión, precisamente a eso: es una tarta rellena de fruta. Se pueden encontrar versiones también a base de peras y manzanas; incluso con ciruelas o uvas pasas.

He de decir que la receta es una mixtura entre la de Patricia, del blog Las cosas de mi cocina (porque cuando vi la suya no pude resistirme a copietearla) y la que venía en el libro de tartas que me regalaron por mi cumple y que aparece en las fotos. Tardé y tardé en conseguirlo, pero ya tengo una enciclopedia repostera a la que aferrarme cual naúfrago cuando un reto dulce venga a por mí.
Y este reto ha sido facilito y rico. Dejo ya de enrollarme y voy a por la receta.


Ingredientes:
  • 500 gr. de cerezas deshuesadas (nótese que yo, en esta ocasión, usé picotas, una variedad de cerezas muy apreciadas, de calidad superior y cuya característica principal es que no tienen rabito y suelen ser más oscuras y más dulces que el resto de las cerezas)
  • 75 gr. de azúcar
  • 3 huevos grandes
  • 300 ml. de leche (yo usé semidesnatada que es la que tenía a mano)
  • 100 gr. de harina
  • 1 cucharadita de vainilla
  • una pizca de sal
  • Necesitaremos, además, un molde desmontable o tipo quiche, como el que véis en la imagen, mantequilla para engrasarlo y opcionalmente, azúcar glass para servir o helado de vainilla para acompañar, aunque yo no usé ninguna de las dos cosas.
Elaboración:
  1. Precalentamos el horno a 170º, sin aire.
  2. Engrasamos el molde y reservamos.
  3. Mezclamos los huevos con el azúcar, hasta que espume ligeramente. Añadimos la leche, la vainilla, la sal y la harina y mezclamos con la batidora o a mano hasta que esté bien integrado, sin grumos.
  4. Colocamos las cerezas en el molde y vertemos por encima la masa líquida.
  5. Horneamos a 170º durante unos 45 minutos, dependiendo del horno. Antes de sacar, pinchamos en el centro con un palillo para asegurarnos de que está bien cocida.
Es una tarta muy suave; lleva poca harina, de modo que su textura recuerda ligeramente al flan, perfecta para terminar una comida en buena compañía. Merece la pena guardar unas pocas cerezas (o picotas, en este caso) y salvarlas del ansia glotona de aquellos que, como mis cachorritos y yo, no podemos dejar de comerlas simplemente lavadas, para hacer esta tarta, no os arrepentiréis.


Y si queréis seguir viajando a través de la gastronomía, no dejéis de visitar el blog de La cocina typical spanish y ver a dónde nos llevan los platos de mis compañeras, ¡seguro que nos sorprendemos!


Feliz viaje ;)

lunes, 7 de julio de 2014

Fingers de pollo

La receta que os traigo hoy es de esas que da vergüenza publicar porque son sencillas no, sencillísimas.
De hecho, no se me habría ocurrido publicar estos sencillísimos fingers de pollo si no fuera porque la anfitriona de este mes para el reto "Qué rico, mami", Bea, de Bea recetas y más, no nos hubiera retado a cocinar comidas take away especialmente pensadas para niños.
Y pocas cosas hay que a los cachorritos, al menos a los míos, les guste más que unos filetes de pollo empanados. Si los hacemos de esta manera, en versión fingers, son aún más fáciles de comer fuera de casa, con las manos, directamente del táper a la boca.
Los he rebozado, además de con pan rallado, con cereales de desayuno, para darles un toque más crujiente que los hace deliciosos.


Ingredientes:

  • 1 o 2 filetes de pechuga de pollo por persona.
  • 1 huevo batido
  • pan rallado
  • cereales de desayuno, tipo cornflakes
  • sal
  • especias al gusto, pero como son versión infantil, yo he prescindido de ellas. En general los niños no son muy amigos de las especias.
  • Aceite de oliva para freír.
Preparación:

  1. Cortamos los filetes de pollo en tiras, retirando la grasa y las ternillas si las hubiera. Salpimentamos al gusto.
  2. Mezclamos el pan rallado con los cereales y reservamos.
  3. Pasamos las tiras de filete de pollo por huevo batido y luego por la mezcla de pan rallado y cereales cuidando de que toda la superficie quede bien cubierta. Reservamos.
  4. Ponemos a calentar en una sartén un buen fondo de aceite de oliva y, cuando esté bien caliente, vamos friendo las tiras de pollo por ambos lados, que queden doraditos, pero no quemados.
  5. Depositamos sobre un papel absorbente para que eliminen el exceso de aceite y ¡listos!

Estos fingers son perfectos para meter en el táper y salir de excursión. Podemos acompañarlos de alguna salsa para hacerlos más divertidos, pero lo cierto es que los filetes empanados conservan bastante bien su jugosidad y están muy ricos sin calentar, directamente de la tartera a la boca. Si podemos, los colocamos un ratito al sol para que cojan un poco de calor y ¡deliciosos!

Menú sugerido:

Se me ocurre que, si podéis disponer de una nevera en la que conservar las bebidas frías, bien podéis incluir un táper bien grande de gazpacho para tomarlo de primer plato. Os refrescará, os mantendrá hidratados (tan importante en los días calurosos) y os dará un chute de vitaminas importante.
Continuáis con los fingers de pollo y rematamos con una buena rodaja de sandía o melón, frutas refrescantes y perfectas para estas ocasiones.


Pero si os apetece incluir en vuestro menú take away otro plato, podéis llenaros de sugerencias visitando el blog ¡Qué rico, mami!.

Bon apetit.

jueves, 3 de julio de 2014

Helado de cheesecake con mermelada de fresas

Este año el verano no se decide a entrar del todo. Nos mira tímidamente desde la ventana unos días, nos hacemos ilusiones y se retira para espiarnos mientras nos preguntamos cuándo vamos a poder usar los bañandores y las cremas protectoras.
Sin embargo las heladeras caseras ya se han puesto en funcionamiento y yo llevo semanas viendo por la red recetas de helado. A mí el helado me apasiona; podría vivir en verano a base de estas delicias frías que, además, son un acicate para la creatividad y la imaginación porque ya no nos conformamos con los helados de toda la vida de chocolate y vainilla, noooo, ahora los hacemos de casi cualquier cosa y yo, todos los que veo, los quiero hacer y comer, claro.



Así que cuando vi esta receta a mi amiga Chus, del blog Para andar por casa, no opuse resistencia. Sabía que tendría que preparar este delicioso helado de cheesecake o tarta de queso. Y aquí está. Sencillamente delicioso, me encanta el toque ligeramente salado que le da el queso de untar en contraste con el dulzor de la mermelada (casera, por supuesto) y la cremosidad del propio helado en contrapunto con el crujiente de los trozos de galleta.
Una merienda deliciosa y un capricho irresistible.

Ingredientes:
  • 250 gr. de queso de untar, tipo philadelphia
  • 400 ml. de nata para montar (35% de materia grasa)
  • 115 gr. de azúcar
  • 35 ml. de azúcar invertido (podéis ver la receta pinchando en el nombre)
  • 200 ml. de leche entera
  • 4 o 5 cucharadas de mermelada de fresa (igual, la receta, pinchando en el nombre)
  • 10 galletas de las que más nos gusten. Yo usé unas tipo digestive.
Elaboración:
  1. Montamos la nata bien fría junto con el azúcar, hasta que esté firme. Reservamos en el frigorífico.
  2. Mezclamos el queso de untar junto con el azúcar invertido y la leche, con cuidado para que no queden grumos.
  3. Integramos ambas mezclas con movimientos envolventes para que la nata no se monte y reservamos unas horas en el frigorífico para que esté bien fría.
  4. Mantecamos el helado. Podemos hacerlo de varias formas:
Con heladera:
Montamos la heladera, la ponemos en funcionamiento y vamos incorporando la mezcla anterior por el bocal. Dejamos que trabaje durante unos 40 minutos.
Sacamos de la heladera, vertemos en un recipiente que pueda ir al congelador y mezclamos con las galletas partidas en pedacitos y con la mermelada de fresa.
No mezclaremos demasiado: queremos conseguir trozos que se noten en el paladar y que la mermelada no tiña el helado entero.

Yo lo repartí en vasitos individuales reutilizados de otros helados que me había traído de una reunión familiar. Para mí, la solución perfecta, porque son porciones individuales fáciles de sacar del congelador cuando uno quiere un heladito.
Podéis usar también los recipientes de los yogures vacíos y lavaditos.

Sin heladera:
Vertemos la mezcla en un recipiente que pueda ir al congelador, lo cerramos bien y dejamos dentro durante una hora.
Sacamos del congelador y batimos la mezcla. Volvemos a meter al congelador. Esta operación habrá de repetirse unas 3 o 4 veces y tiene como finalidad romper los evitar que la mezcla cristalice para conseguir un helado cremoso, no un bloque de hielo.
Después de batir por última vez, incorporamos, igual que en el caso anterior, las galletas en trocitos y la mermelada de fresa, de manera que queden pedacitos enteros.

En ambos casos es necesario que, después de mantecado, el helado esté una hora al menos en el congelador antes de consumirlo, para que endurezca un poco.

Puede ser necesario sacarlo del congelador unos 5-10 minutos (dependiendo del calor que haga fuera) antes de consumir.



Observaciones:
Y Los helados consiguen su cremosidad gracias a la materia grasa; hay que asumirlo, los helados engordan. Podéis intentar usar ingredientes más ligeros, pero será a costa de la textura del helado. Que no quiere decir que vayan a estar malos de sabor, pero no tan cremosos.
Ahora bien, yo usé solo la mitad de leche entera porque me quedé sin; el resto fue desnatada. No creo que se haya notado demasiado en el contenido calórico del postre dado el resto de los ingredientes usado, pero tampoco lo he notado en la texura. Supongo que porque, proporcionalmente, no ha sido demasiada cantidad. No os la juguéis si queréis un helado de categoría.
Y Para hacer el helado con heladera sin compresor (vamos, la de Lidl que es la que tenemos casi todos porque relación calidad precio yo creo que no hay quien dé más) es necesario tener la cubeta en el congelador durante al menos 24 horas antes de empezar a usarla. Es un pequeño inconveniente porque nos obliga a planificarnos, no podemos tener antojo de helado y hacerlo ya mismo.
Salvo que terminemos de hacer uno, la lavemos y la volvamos a meter en el congelador. Pero, aún así, hasta mañana, no hay tu tía. Mejor, así podemos disfrutar del que acabamos de preparar.
Y Pequeño truquillo para que la mezcla del helado no se quede pegado a las paredes de la cubeta: si la mojamos debajo del grifo justo antes de comenzar a usarla, perderá la fina capa de hielo que se ha quedado a la superficie metálica. De esta manera el helado no se quedará pegado a ella. Comprobad si no, antes de hacer esto que os he dicho, como el dedo se os queda ahí pegadito... pues la mezcla también y más, claro, porque está 40 minutos ahí dentro y las palas no rozan las paredes. El líquido que se quede ahí pegado, ahí se queda congelado, no se mantecará bien.

Espero que os guste este helado, os garantizo que es delicioso. Tanto que le he preguntado al papá de los cachorritos de qué quiere que hagamos el siguiente y ¡se ha empeñado en que sea el mismo! Si cuando yo digo que es de sota, caballo y rey...

Buen finde ;)

sábado, 28 de junio de 2014

Spaghetti con pesto de brócoli

Los cachorritos se comen de maravilla el brócoli. Ellos lo llaman arbolitos. Se lo preparo de otra manera a como os lo voy a presentar hoy, claro, esta receta no es muy apta para los paladares infantiles.
Pero los cachorritos no están en casa porque el cole ha terminado y se han ido a casa de los abuelos hasta que nosotros cojamos vacaciones; eso me permite cocinar cosas que no haría para ellos porque sé que no les gustaría, como es el caso de este pesto de brócoli que está delicioso para acompañar a la pasta. Me ha encantado y no me cabe duda de que volveré a prepararlo y a versionarlo con otras verduritas.


Ingredientes:
  • 200 gr. de brócoli
  • 50 gr. de piñones
  • 2 dientes de ajo
  • 50 ml. de aceite de oliva virgen extra
  • 30 gr. de queso curado (parmesano, pero si no tenéis, cualquier queso curado puede valer; de hecho, yo usé un manchego curadito riquísimo)
  • 1/2 cucharadita de sal.
  • 150 gr. de espaguetis integrales.
Elaboración:
  1. Ponemos una cazuela con abundante agua a hervir. Mientras tanto, lavamos el brócoli y le quitamos los tallos más gordos y las hojas no comestibles.
    Cuando el agua rompa a hervir añadimos una cucharada de sal y echamos el brócoli. Cocemos 5 minutos y retiramos del agua, manteniéndola en el fuego. 
  2. Ponemos el brócoli a escurrir y, en el mismo agua de su cocción, echamos los espaguetis. Los cocemos por el tiempo que indique el paquete.
  3. En el vaso de la batidora echamos el brócoli cocido junto con el resto de los ingredientes (tendremos la precaución de quitarle al ajo el germen para que no repita) y trituramos bien hasta que quede una pasta ligeramente emulsionada. Si fuera necesario, añadiríamos un poco de agua de la cocción, pero a mí no me hizo falta.
  4. Cuando los espaguetis estén cocidos, los escurrimos y los servimos en un plato junto con el pesto de brócoli, ¡delicioso! 
Fuente: vegetal y tal



Observaciones:

Si queréis aligerar la carga calórica del plato, podéis sustituir parte del aceite por caldo de la cocción del brócoli. No sé cómo resultará, pero desde luego con todo su aceitito estaba de muerte, en serio, no dejéis de probarlo.
De segundo plato podéis tomaros unos filetitos de pavo relleno y de postre, como siempre os sugiero, fruta, siempre fruta, fuente imprescindible de vitaminas y fibra. Ya pensaremos en la merienda.

Disfrutad del fin de semana,