lunes, 27 de octubre de 2014

Pan de calabacín {con queso y harina de espelta integral}

Vamos a comenzar la semana con un pan exquisito, un pan enriquecido que os va a encantar y que, además, podéis hacer íntegramente con la panificadora, lo cual nos facilita (y mucho) la vida. Ya sabéis que yo tengo una historia de amor con mi panificadora y no puedo vivir sin ella. Por eso elaboré esta pequeña guía para aprender a usarla, para solventar esos pequeños inconvenientes que acompañan siempre a un nuevo electrodoméstico.

El pan de hoy es especial por varios motivos. Primero porque con él participo en la 5ª edición de las recetas BBSS organizada por Marisa. Se trata, como ya sabréis, de una iniciativa que pretende promocionar la cocina BBSS (buena, barata, sencilla y sana) que en esta ocasión lleva el lema "BBSS con mucha miga".
Tratándose de un reto de panes que pretende promocionar el buen pan y enseñarnos a hacerlo fácilmente en casa, yo no he podido menos que participar.


El segundo motivo por el que este pan es especial es que lleva entre sus ingredientes, como habréis adivinado por el título, calabacín y queso. La combinación de sabores es todo un acierto pero, además, es que es una solución ideal para trabajar la espelta. La espelta es una variante del trigo que contiene menos gluten; esto la hace más apta para algunos intolerantes; es más digestiva, pero sigue conteniendo gluten, de modo que no es apta para celiacos. Quizá por su menor contenido en gluten, la panificación con espelta es un poco más complicada. A mí me gusta mucho el sabor y la textura de los panes con espelta, pero les encuentro una pega y es que salen más secos que los panes elaborados con otros cereales, especialmente el trigo. Por eso me gusta mucho combinar la espelta con otros ingredientes que le aportan jugosidad, sobre todo vegetales. El pan de tomate, estrella en mi casa, queda fantástico con harina de espelta; por eso pensé en combinarla en esta ocasión con calabacín. Todo un acierto, sin duda.
  • 40 ml. de agua
  • 350 gr. de calabacín rallado (en mi caso, picado con la picadora)
  • 450 gr. de harina de espelta integral
  • 50 gr. de harina de centeno integral
  • 1 cucharadita de sal
  • 50 gr. de queso curado rallado
  • 10 gr. de levadura fresca de panadero
  1. En primer lugar tenemos que preparar el calabacín. Podéis usarlo con piel o sin ella, como más os guste. Yo lo pelé, pero si optáis por no hacerlo, aseguraos de lavarlo muy bien.
    Quitamos los extremos y lo rallamos o pasamos por la picadora. Reservamos.
  2. En la cubeta de la panificadora ponemos el agua, la sal, el queso y el calabacín rallado. Añadimos las harinas y la levadura desmenuzada si es que vamso a hacer el pan inmediatamente. Si vamos a dejar la panificadora programada, mejor dejar la levadura entera.
  3. Seleccionamos el programa de pan integral y dejamos trabajar. Puedes sacar la pala amasadora cuando termine el último amasado; yo no suelo hacerlo, pero es cuestión de costumbres y gustos.
  4. Una vez terminado el programa, sacamos con cuidado de la cubeta y dejamos reposar sobre una rejilla para que la miga no se reblandezca.
Es un pan fantástico para unas tostadas especiales en el desayuno o para acompañar cualquier comida. Y, al incorporar la humedad del calabacín, aguanta fresco y casi como recién hecho más tiempo que otros panes. Probad y me contáis.

Observaciones:

Y  La harina de espelta no es barata, así que para hacer de esta receta una verdadera BBSS podéis sustituirla por harina de trigo, más asequible. Si es posible, que sea integral.
Las cantidades de líquido pueden verse algo afectadas en este caso porque el trigo tiene tendencia a pedir menos agua que la espelta. Probad a poner 15 ml. menos de agua si usáis harina de trigo.
Y   Sobre el queso: este pan queda fantástico con queso curado, de sabor intenso. El que más os guste. Y si, en vez de usarlo rallado, lo picáis de manera que queden pequeños tropezones de queso, el bocado con premio será un auténtico lujo. Así fue como lo hice yo.
Y   Vigilad el trabajo de la máquina para que el pan no se sobrefermente y luego se nos hunda en el horneado. Al ser un pan muy hidratado, corremos el riesgo de que esto pase. Si en algún momento, antes de que haya comenzado el horneado del pan véis que ya ha levado lo suficiente, cancelad el programa y seleccionar directamente el programa de horneado; yo he tenido que hacerlo en alguna ocasión.

Ya he mencionado antes que este pan está hecho para participar en el 5º reto BBSS. Pinchad aquí para acceder a él, ver las bases y todas las recetas participantes. Marisa está, incluso, haciendo un aula de pan para que os animéis a meter las manos en la masa.
¡Feliz semana!

miércoles, 22 de octubre de 2014

Tallarines con níscalos

Ya estamos adentrados, de lleno, en la temporada otoñal. Calabazas, setas, granadas y castañas entre otros productos están ahora en su esplendor. Es importante que aprendamos a usar las frutas y verduras de temporada porque podremos obtener de ellas el máximo de nutrientes y porque serán más económicas. Economía y ecología todo en uno. Que no es poco.

Por eso este mes el reto "Color y sabor de temporada" nos animaba, en el apartado de verduras, aunque no lo son en sentido estricto, a cocinar con hongos. Hongos: setas, champiñones, níscalos. Yo me he decantado por estos últimos; podría haber elegido los champiñones, que son más accesibles y también me encantan, pero los níscalos son especiales, tienen una textura y un sabor intenso y a la vez delicado que hacen imposible resistirse a ellos.

He hecho unos tallarines sencillos porque pretendía darle protagonismo al níscalo, así que os dejo ya con la receta que, como veréis, no tiene mucha complicación:


  • Níscalos (no indico cantidades porque dependerá de los que podáis conseguir)
    Si váis a salir a cogerlos, tened cuidado de respetar muy bien el entorno, no destrocemos los bosques y nos carguemos futuras cosechas. Recordad que tenéis que ir provistos de una cesta de mimbre y que, en algunos sitios, se necesitan permisos especiales.
  • 50 gr. de tallarines por persona
  • 1/4 de vino blanco por persona
  • 50 gr. de queso azul del tipo que más nos guste. Yo usé unos restillos de gorgonzola que tenía en el frigorífico (casualmente, restos de preparar el reto color y sabor del mes anterior; espero que el mes que viene pueda usar otro ingrediente distinto porque váis a pensar que soy muuuuuy aburrida, jijiji)
  • aceite de oliva
  • sal
  • un diente de ajo

  1. Limpiamos bien los níscalos, los troceamos si son muy grandes y los dejamos secar sobre papel abosrbente.
  2. Ponemos un cazo o cazuela con abundante agua al fuego. Cuando rompa a hervir añadimos una cucharadita de sal y los tallarines sin partir. Dejamos cocer por el tiempo indicado en el paquete, sacamos, escurrimos y reservamos.
  3. En una sartén añadimos un par de cucharadas de aceite de oliva y sofreímos el diente de ajo, entero o picado, según sea nuestro gusto.
  4. Incorporamos los níscalos limpios y secos y dejamos cocinar hasta que estén hechos a nuestro gusto. Incorporamos el vino blanco y dejamos que se evapore el alcohol.
  5. Añadimos a la sartén los tallarines y removemos para que se impregnen bien del sabor de los níscalos. Procuraremos no tener los tallarines mucho tiempo en la sartén para que no se pasen.
  6. Servimos y añadimos directamente en el plato el queso gorgonzola.
Comemos inmediatamente y dejamos el plato bien limpio, ¡está buenísimo! A mí me encanta el contraste del tono dulzón de este queso con la intensidad de los níscalos, ¡ñam!

Para más sugerencias sobre cómo cocinar con níscalos:

¡Feliz miércoles!

lunes, 20 de octubre de 2014

Arroz caldoso de atún con carabineros

Hoy os traigo un plato de lujo, nada de cosas sencillitas, no: un plato que lleva su elaboración y que, acompañado de ingredientes buenos y de muy buena calidad se convierte en un plato digno de un día de celebración, pero yo os recomiendo que os lo regaléis en petit comité, un fin de semana cualquiera para celebrar que es día de asueto, que estáis con la familia y que nada más que una buena charla os van a acompañar en la mesa.


(para 4 personas)
Para el fumet:
  • 1 cebolla mediana
  • 2 tomates maduros
  • 2 pimientos rojos
  • 1 pimiento verde
  • 1 ñora
  • 4 dientes de ajo
  • 1 vaso de vino blanco
  • 1,5 litro de agua
  • aceite y sal
  • las cabezas y las patas de los carabineros que usaremos luego para el arroz
Para el arroz:
  • el fumet
  • 300 gr. de atún fresco cortado en taquitos pequeños
  • 4 carabineros
  • 300 gr. de arroz


  1. Picamos la cebolla, los ajos, los tomates, los pimientos y la ñora. Sofreímos. Cuando las verduras estén blandas, añadimos las cabezas y las patas de los carabineros y dejamos sofreír un par de minutos.
  2. Separamos parte de este sofrito, aproximadamente la mitad y lo reservamos. Las cabezas y las patas las dejamos.
  3. Añadimos el vino blanco, dejamos que se evapore el alcohol y echamos el agua. Dejamos cocer durante 40 minutos.
    En casa lo hicimos con la olla exprés: en 6 minutos está listo el fumet; tendremos que colarlo cuando esté templado para que no tenga impurezas.
  4. En una cazuela honda y con fondo grueso ponemos la parte del sofrito que habíamos reservado. Salamos al gusto el atún y lo marcamos.
  5. Añadimos el arroz y lo sofreímos durante un minuto a fuego fuerte.
  6. Incorporamos el fumet y, cuando empiece a hervir, bajamos a fuego medio, pero que no deje de cocer durante 12-15 minutos, dependiendo de lo al dente o más pasado que nos guste el arroz.
  7. A mitad de cocción, añadimos los carabineros sin patas ni cabeza.
Se trata de un plato que hay que comer casi nada más prepararlo: si lo dejamos reposar el arroz absorberá el líquido y se quedará pasado, así que calculad muy bien el tiempo y que los cachorritos y los pinches vayan poniendo la mesa mientras vosotros cocináis para que, según se termine de cocinar el plato, ¡a comer!

Para ver más formas de cocinar el arroz caldoso, pasaos por el blog del Desafío en la cocina porque precisamente este ha sido el desafío de este mes y seguro que alguna de las sugerencias de mis compañeros se va a adaptar a lo que estáis buscando. Pinchad aquí  para acceder.




¡Feliz semana!

jueves, 16 de octubre de 2014

Barra de pan sin amasado {celebrando el día mundial del pan}

Como viene siendo tradición, el 16 de octubre se celebra el día mundial del pan para dotar de relevancia a este, durante tantos años, denostado alimento.
Aquellos que disfrutamos comiendo un buen trozo de buen pan y que gozamos metiéndonos en harinas para hacerlos, llenamos la red de deliciosos panes para enseñar al mundo que el pan es bueno siempre y cuando sea bueno, aunque parezca una obviedad.

Hoy tenía que elegir un pan especial y este lo es por varios motivos: primero porque es bien sencillo de hacer ya que no require ningún tipo de amasado ni greñado -que es mi punto flaco-, segundo porque está delicioso y tercero porque es la primera receta que hago del libro del pan de Ibán Yarza, que lleva más de 6 meses viviendo conmigo (el libro, no Ibán, para el alivio del papá de los cachorritos)


Quería especialmente hacer un pan sencillo y que saliera delicioso para animar a aquellos que aún sienten respeto por las masas y convencerles de que hacer pan en casa es fácil. Luego, cuando le coges el gustillo y te obsesionas con el tema, puedes complicarlo todo lo que quieras; pero la base es sencilla, fácil y el resultado merece muchísimo la pena.

Así que a todas mis amigas legas en panes que me consultáis como si yo fuera un gurú en la materia (ay, omá, si no sé na de na). Este pan es para vosotras y por vosotras.
Sirva esta receta para celebrar el día mundial del pan y para que vuestra casa comience a oler a pan recién horneado, ¡todo un placer!


  • 475 gr. de harina panificable (se puede conseguir mezclando 275 gr. de harina de fuerza y 200 gr. de harina de todo uso)
  • 25 gr. de harina integral
  • 330 gr. de agua
  • 10 gr. de sal
  • 5 gr. de levadura fresca de panadero.
Necesitaremos, además, 150 gr. de una mezcla de las semillas que más nos gusten (yo usé semillas pequeñas: sésamo, lino y amapola), un paño de algodón bien limpio y humedecido y un bol bien grande para mezclar y dejar reposar la masa.

  1. Ya hemos dicho que este pan no requiere amasado, así que necesitamos disolver previamente la levadura en el agua. Una vez disuelta, incoroporamos al bol todos los demás ingredientes de la masa y mezclamos hasta que estén homogéneamente integrados.
    Podemos hacerlo con una mano, mientras con la otra vamos girando el bol para que el proceso sea más sencillo o ayudándonos de una espátula de silicona.
    Tenemos que conseguir una masa bastante pegajosa en la que no haya ningún grumo de harina.
  2. Dejamos reposar 5 minutos.
  3. Con la mano ligeramente humedecida, cogemos la masa de un extremo, la alargamos con cuidado y la doblamos sobre sí misma.
  4. Tapamos el bol con papel film o con una tapa hermética y dejamos reposar en el frigorífico durante 24 horas.
    Puede ser algo menos, la mía estuvo unas 20 horas.
  5. Sacamos la masa del frigorífico. Veremos que ha ganado bastante volumen. Volcamos sobre la superficie de trabajo con cuidado de que no se nos bajen las burbujas que se habrán formado (ver imagen 1) porque no vamos a volver a amasarla. Con cuidado le damos forma rectangular y la cortamos a lo largo formando dos barras estrechas y alargadas.
  6. Preparamos el trapo de lino o algodón humedeciéndolo bajo el grifo y, al lado, colocamos la mezcla de semillas en forma de lecho alargado (ver imagen 2).
    Pasamos una de las barras primero por el trapo húmedo (ver imagen 3) y luego por el lecho de semillas (ver imagen 4).
  7. Retorcemos la barra para que tenga forma helicoidal (ver imagen 5) y disponemos sobre una bandeja de horno forrada con papel de hornear.
    Repetimos el proceso con la otra barra.
  8. Dejamos reposar tapado con el trapo húmedo para que no se reseque, durante 2 horas aproximadamente, hasta que hayan aumentado (no doblado) su tamaño.
  9. Precalentamos el horno a 250º y ponemos en el fondo un cacharrito metálico con agua para que se forme vapor. Esto ayudará a hacer la corteza más crujiente.
  10. Metemos los panes en el horno, calor arriba y abajo, sin ventilador y volcamos parte de ese agua sobre la bandeja del fondo, para crear un golpe de vapor. Transcurridos 10 minutos, sacamos el agua y continuamos horneando durante otros 25 minutos aproximadamente.
    Saberemos que el pan está bien cocido cuando al golpear en la base, suene a hueco.
  11. Sacamos entonces del horno y dejamos reposar sobre una rejilla.
  12. Para una corteza extra-crujiente, podemos dejar reposar el pan en el horno apagado y con la puerta ligeramente abierta otros 20 minutos más.
Esta receta, como ya he dicho, nos devuelve un pan sabroso, sin apenas esfuerzos y nos muestra lo importantísimo que es el tiempo y el reposo al hacer pan.
Las prisas no son buenas en panadería, el largo tiempo de reposo de esta masa a baja temperatura la llena de aromas, de matices: le da sabor a pan del de antes y lo dota de una miga alveolada, suave y deliciosa. Comprobadlo vosotros mismos.


Podéis usar esta barra de pan para haceros un bocata como este o cualquier otro que os venga a la mente. O para mojar en la salsa del guiso del domingo. O para la merienda de los cachorritos. O, simplemente, para degustarlo solo y comprobar que como el pan recién horneado, pocos placeres.

Feliz día mundial del pan.

viernes, 10 de octubre de 2014

Bocata de lomo al cabrales #bocataTS

Me gustan los bocatas.
Antes de nacer los cachorritos, su papá y yo cenábamos muchas noches un bocata por puro vicio. De jamón serrano y queso curado.
Los de tortilla de patata, lomo con queso o filetes ruso los reservábamos para las excursiones y salidas al campo.

Porque un bocata con un buen pan y un relleno de calidad es un lujo del que no deberíamos prescindir. Porque el pan está hecho con harina=cereales que debería ser la base de nuestra pirámide alimentaria y que sí, engorda más que la lechuga, pero los necesitamos para vivir. Y porque un buen pan está buenísimo.

Por todos estos motivos y muchos más, desde La cocina typical spanish hemos propuesto este mes #bocatasTS. Inundemos la red de deliciosos bocatas, de esos que no son un trozo de pan con cualquier cosa dentro (aunque esos también pueden estar ricos) sino de los que son un manjar en sí mismos.

Para la ocasión y he escogido un delicioso bocata de lomo al cabrales porque mis favoritos siempre han sido los bocatas que llevan queso, me da igual el tipo. Y el queso de cabrales me encanta.

Vamos ya con la receta:


  • Una barra de pan (o la cantidad que nos apetezca, pero que sea de barra).
    Yo utilicé una espectacular barra casera, pero la receta os la contaré otro día.
  • 2 filetes de cinta de lomo por persona, sin adobar.
  • 1 trozo pequeño de queso de cabrales.
    Pongo "trozo pequeño", pero esto va un poco al gusto, dependiendo de cómo de fuerte os guste. Es un queso muy muy fuerte y el mío, además, era añejo porque no sé con exactitud cuánto tiempo llevaba viviendo en mi nevera.
  • 3 o 4 cucharadas de queso crema, tipo philadelphia
  • 2 cucharadas de leche (eventualmente)
  • aceite de oliva
  • sal

  1. Partimos el pan en trozos del tamaño que deseemos hacer los bocadillos y abrimos a la mitad. Reservamos.
  2. En un cazo echamos el queso de cabrales y el queso crema. Dejamos que se derritan, a fuego suave, removiendo para que se integren y no se agarre. Si quedara muy espeso, podemos añadir un par de cucharadas de leche.
    La textura y la intensidad de la crema va al gusto; probadla y si os resulta demasiado fuerte o demasiado suave, podéis rectificar añadiendo un poco más de queso crema o de cabrales, según el caso.
    Reservamos.
  3. En una sartén ponemos un par de cucharadas de aceite de oliva; salamos ligeramente los filetes de cinta de lomo y freímos por ambas caras hasta que estén cocinados a nuestro gusto.
  4. Colocamos los filetes sobre una de las caras del pan y sobre estos, la crema de cabrales.
    Podemos mojar un poco el pan con la salsita de freír los filetes.
Servimos y comemos inmediatamente, ¡delicioso!

Os animo a visitar la página de La cocina typical spanish para ver cuántos bocatas diferentes hemos conseguido entre todos.

Y feliz finde, ¡aprovéchalo para hacer un #bocataTS!

martes, 7 de octubre de 2014

Cupcakes (saludables) de nocilla

Cualquier batalla que libremos las madres está perdida de antemano si en nuestro camino se interponen los cachorritos: yo era anti-cupcakes hasta que en manos de la cachorrita pequeña cayó un libro de Alma Obregón y vio, oh despiste mío, unos atractivos cupcakes de nocilla. En ese momento comenzó la campaña de acoso y derribo hasta que consiguió que nos pusiéramos a hacerlas.
No le costó demasiado vencerme, todo hay que decirlo. Y yo le hice las adaptaciones oportunas para que los dichosos pastelitos fueran un poco más saludables: suprimí la mantequilla tanto de la masa de la magdalena, como del frosting (en el primer caso la sustituí por aceite de oliva; en el segundo por queso crema) y utilicé harina integral.
Se podían haber hecho aún más sanas sustituyendo la nocilla comercial por nocilla casera (aquí tenéis la receta), pero a mí ya no me daba tiempo -ni la vida- para más.

Además, me atreví con la manga pastelera porque había comprado hacía poco una boquilla wilton chachi guay y, oye, para ser la primera vez, estoy bastante orgullosa del resultado.

Para las magdalenas:
  • 100 ml. de aceite de oliva
  • 3 huevos
  • 120 ml. de leche (yo usé desnatada, pero en la receta pedía semi)
  • 1 cucharadita de pasta de vainilla
  • 100 gr. de harina de todo uso
  • 80 gr. de harina integral
  • 1 cucharadita de levadura en polvo, tipo royal
  • 40 gr. de cacao en polvo (puro, sin azúcar)
  • 220 gr. de azúcar
Para la cobertura:
(con estas cantidades tenéis para rellenar todas las magdalenas y para cubrir 3 o 4; si queréis cubrir todas, tendréis, por lo menos, que duplicar las cantidades)
  • 4 cucharadas de queso crema (philadelphia)
  • 4 cucharadas de nocilla
  • 4 cucharadas de azúcar glass


Bien sencilla, a pesar de lo que pueda parecer.
Pedid ayuda a vuestros cachorritos y pasaréis un buen rato en la cocina con ellos.

  1. En primer lugar mezclamos los ingredientes sólidos por en un bol grande. Podemos tamizar la harina primero.
    Este paso es apto para pequeños cocineros, que le den muchas vueltas hasta que la harina, la levadura y el azúcar se mezclen bien con el cacao y adquiera un tono marroncito claro.
  2. En otro bol mezclamos bien los huevos con el aceite, la leche y la vainilla. Procuraremos que estén bien integrados.
    Si le dejamos esta misión a los cachorritos, es mejor que el bol sea muuuuuy grande para minimizar el riesgo de que todo el líquido termine sobre la encimera.
  3. Vertemos los ingredientes sólidos bien mezclados sobre los líquidos y removemos hasta que quede "como una masa, mamá", sin grumos.
    Si utilizamos unas varillas será sencillo; también apto para manos pequeñitas.
  4. Rellenamos las cápsulas de magdalenas hasta las 3/4 partes y metemos en el horno precalentado a 180º durante unos 10 minutos.
    Antes de sacarlas, comprobaremos pinchando con un palillo, que están bien hechas por el centro.
    Rellenar las cápsulas (y, sobre todo, atinar con la masa dentro de las mismas) es más complicado, pero perfectamente pueden hacerlo los peques. El horno lo manejaremos los mayores.
  5. Sacamos del horno y dejamos reposar sobre una rejilla mientras preparamos la cobertura.
  6. Para hacer la cobertura bastará con mezclar todos sus ingredientes batiendo bien con unas varillas manuales hasta obtener una crema homogénea que meteremos en la manga pastelera.
  7. Cuando las magdalenas estén templadas, vacíamos parte de su interior con un descorazonador de manzanas (mirad aquí cómo se hace) y rellenamos con la crema que tenemos en la manga pastelera.
  8. Ahora la parte que más miedo da: hacer la florecita de arriba, la que da a estos cupcakes su toque espectacular. Pero no es tan difícil, no temáis, ¡si hasta la cachorrita pequeña hizo un par de ellas!
    El truco está en comenzar a hacer un círculo desde la parte central de la magdalena, desde el punto en el que tenemos el relleno. Vamos dibujando, más que un círculo, una espiral desde este dentro, agrandándola cada vez más hasta cubrir toda la superficie de la magdalena, a la vez que apretamos la manga, claro, para que salga la crema. 
Y ecco qua: unas preciosas magdalenas cubiertas con una crema exquisita que se llaman cupcakes. Están muy ricas, muy a mi pesar y son tan bonitas que son perfectas para regalar. No dudo que volveré a hacerlas, pero sí os aseguro, a lo Escarlata O'Hara, que mis coberturas nunca estarán llenas de mantequilla.


viernes, 3 de octubre de 2014

Tarta huesitos

Pensando en el fin de semana, por si tenéis alguna celebración o invitados en casa, os traigo una tarta sencillita que no necesita ser preparada con demasiada antelación pero que aguanta muy bien si, por cuestiones de logísitca, tenéis que prepararla uno o dos días antes.
Estoy segurísima de que va a encantar a todo el mundo. Eso sí, para mí es un pelín seca, si la acompañáis de una bola de helado de vainilla, ya hacéis una combinación de 10, éxito asegurado. Probad y me contáis.

Se trata de la tarta huesitos que seguro que habréis visto en muchos blogs porque creo que he sido la última del mundo en hacerla. Su nombre se debe, claramente, a que el sabor de la tarta recuerda mucho a las famosas chocolatinas del mismo nombre. No es exactamente igual, pero se acerca bastante.


  • 1 paquete de obleas (son mucho más fáciles de encontrar de lo que yo creía: en cualquier súper están)
  • 1 bote grande de nocilla (se puede usar nutella, pero yo soy sin lugar a dudas, del equipo nocilla). También podéis usar la versión casera de la nocilla, mucho más saludable. Pincha aquí para ver cómo se hace.
  • 1 tableta de chocolate fondant.
  • 100 ml de nata líquida
  • nubes pequeñitas para decorar o cualquier otra cosa que se os ocurra.

Lo cierto es que hacer esta tarta es entretenido, pero bien sencillito. Tanto, que podéis pedir ayuda a los cachorritos que disfrutarán de lo lindo pringándose de nocilla y de chocolate mientras hacen la tarta.
  1. Sacamos las obleas del paquete y desechamos las que vengan rotas.
  2. Metemos la nocilla 10 segundos al microondas para que se derrita ligeramente y sea más fácil de untar.
  3. Y ahora viene la parte complicada del asunto: se trata de ir untando nocilla sobre una oblea, deposiarla sobre la que será la bandeja de la tarta, untar otra oblea, depositarla encima de la anterior y así, ir apilando obleas untadas con nocilla unas encima de las otras hasta alcanzar la altura deseada. Nada más.
    Consejillo: yo usé el paquete entero de obleas y la tarta, aunque preciosa, era quizá un poco demasiado alta, como veis en la foto del corte. Igual podéis probar a poner solo las 3/4 partes del mismo.
  4. Ponemos la nata a calentar en un cazo y cuando llegue al punto de ebullición, retiramos e incorporamos el chocolate partido en trozos. Removemos para que se derrita el chocolate hasta que quede una mezcla uniforme.
    Dejamos templar.
  5. Bañamos la tarta con el chocolate templado y decoramos al gusto.
  6. Reservamos en el frigorífico para que el chocolate se endurezca y los adornos se queden bien pegaditos.


Disfrutadla y pasad buen fin de semana.

martes, 30 de septiembre de 2014

Pan deli neoyorkino

Finaliza septiembre y, con el reto Bake the world ya sí que sí estamos todos incorporados de pleno en la vida normal.
En esta ocasión, viajamos al otro lado del Atlántico, a Nueva York para preparar un pan especial para sandwiches y bocadillos, el clásico pan deli neoyorkino. Parece que los judíos emigrantes llevaron consigo, entre otras cosas, este pan aromático gracias a las semillas de alcaravea y al fermento previo hecho a base de harina de centeno, con miga suave, pero prieta, perfecto para hacer bocadillos. Sandwiches, más bien.

Tengo que decir que aunque a mí me ha encantado este pan, a los cachorritos no tanto. La alcaravea tiene un sabor intenso (he leído que recuerda al anís y que es ligeramente picante ;en casa nos ha recordado más a la hierbabuena, pero más fuerte, algo diferente, puede que lo de ligeramente picante se acerque un poco) que a los cachorritos no les ha agradado mucho. 
Pero me parece ideal para los sandwiches de la merienda a la salida del cole, así que lo repetiré sin las semillas sin ninguna duda porque la técnica, la densidad de la miga blanda y compacta y su aroma me han enamorado.
Su aspecto también:


Vamos ya con la receta:
(fuente: faragulla.com)
Para la esponja (fermento previo):
  • 112 gr. de harina panificable
  • 95 gr. de harina de centeno integral -se puede sustituir por centeno blanco-
  • 350 gr. de agua
  • 1 gr. de levadura fresca de panadero
  • 19 gr. de azúcar
  • 14 gr. de miel (2 cucharaditas de postre)
Para la masa:
  • Toda la esponja
  • 353 gr. de harina de fuerza
  • 14 gr. de semillas de alcaravea
  • 10 gr. de sal
  • 5,5 gr. de levadura fresca de panadero

  1. Lo primero es preparar la esponja (pincha aquí para saber qué es).
    Es sencillo: no hay más que mezclar bien sus ingredientes en un bol amplio. Nos aseguraremos de que tanto la levadura como la harina se han disuelto bien en el agua antes de taparlo con un film plastico si el recipiente elegido no tiene tapa hermética. También se puede usar un gorro de ducha de los que tienen en los hoteles y que yo voy almacenando en casa para estos fines. Pueden usarse varias veces.

    Dejamos reposar la mezcla entre 12 y 14 horas. Lo ideal es hacerla por la noche y dejarla descansar tranquilamente mientras descansamos también nosotros.
  2. Pasado este tiempo encontraremos una masa líquida llena de burbujas, con un olor dulzón, pero ligeramente ácido, algo como lo de la imagen:

  3. Añadimos a esta mezcla el resto de ingredientes y amasamos hasta obtener una masa fina. Yo utilicé la panificadora para amasar, incorporando primero la esponja líquida y sobre esta el resto de ingredientes y seleccionando el programa de amasado y levado.
    En cualquiera de los dos casos, hay que dejar reposar la masa unas dos horas hasta que haya, aproximadamente, doblado su volumen.
  4. Volcamos la masa sobre la superifice de trabajo, desgasificamos y formamos.
    Con estas cantidades se puede hacer una barra bastante grande o dos algo más pequeñas, al gusto de cada uno.
    Yo decidí hacer solo una que dejé levar por segunda vez en un banetón alargado. Este segundo levado deberá durar una hora u hora y media, tapada la barra con un paño limpio para que no se reseque la superficie.
  5. Pasado este tiempo, encendemos el horno a tope y colocamos en la parte de abajo una bandeja con un poco de agua para hacer vapor y crear la corteza.
    Mientras tanto, volcamos la barra del banetón a la bandeja de horno, forrada con papel parafinado (la barra era tan grande, que ocupaba toda la bandeja de horno en diagonal, de esquina a esquina) y realizamos unos cortes para hacer la greña.
  6. Horneamos (calor arriba y abajo sin aire), con el vapor dentro, unos 15 minutos a 240º. Sacamos la bandeja de agua, bajamos la temperatura del horno a 220º y horneamos otros 20 minutos, cuidando que no se queme.
    Antes de sacar el pan del horno comprobaremos, dando unos golpecitos en la parte de abajo que está bien cocido: sabremos que está listo si suena a hueco.
  7. Sacamos del horno y dejamos reposar sobre una rejilla antes de hincarle el diente.


Podemos hacer unos sandwiches estupendos con este pan. El tradicional en los delis de Nueva York es de pastrami, pero como quiera que aquí eso no es muy fácil de encontrar, yo he optado (sin foto, qué le vamos a hacer) por el clásico de jamón york y queso. Le da un toque tan especial este pan aromático que no deberíais perdéroslo.

Más versiones de este pan, de la mano de Bake the world, pinchando en la imagen:


sábado, 27 de septiembre de 2014

Mermelada de ciruelas al toque de lima

Una de las cosas que más me gusta de la panificadora, además de tener el pan recién hecho por las mañanas, son las mermeladas.
Antes de ponerme con ellas, yo era solo de mermelada de melocotón y no todas: no me gustan los dulces excesivamente dulces, no me gustan los torpezones, no me gustan los conservantes... panorama complicado, satisfacerme a mí ;)
La solución, claro está, es hacer tus propias mermeladas (y muchas otras cosas) y, por supuesto que se pueden hacer a la forma "tradicional", pero si tienes una panificadora, te ahorras tiempo. En realidad, te ahorras estar pendiente de la mermelada durante el proceso de elaboración porque es probable que el tiempo que se tarde en hacerla sea más o menos el mismo.

Así que aquí me tenéis, haciendo diferentes tipos de mermeladas según la fruta de temporada. Que es, por cierto, una magnífica forma de conservarla durante más tiempo y poder consumirla cuando se supone que ya no toca. 


En esta ocasión he tirado de las ciruelas claudias, una fruta que me encanta y que, como casi todas las frutas de verano, tiene una temporada muy corta. He querido darle un toque ácido porque las ciruelas ya son dulces de por sí y no quería que quedara una demasiado dulce al añadirle el azúcar del que tampoco quería prescindir porque es el agente que actúa como conservante en el caso de las mermeladas.

  • 500 gr. ciruelas claudias (pesamos la fruta después de lavarla, de quitar el rabito y deshuesarla)
  • 250 gr. de azúcar
  • 1 lima (ralladura y zumo por separado)
Con panificadora:
  1. Seleccionamos el programa de mermeladas. En cada panificadora tendrá un número. Ponemos la máquina a funcionar y añadimos el zumo de lima con la mitad aproximadamente del azúcar.
  2. Mientras se va haciendo el almíbar, vamos preparando la fruta: la lavamos bien, la deshuesamos y la cortamos en trozos más o menos pequeños.
  3. Añadimos la fruta, el resto del azúcar y la ralladura de la lima a la cubeta de la panificadora y dejamos que termine el programa.
Nota: la panificadora no tritura, así que es mejor echar la fruta en trozos pequeños. Si os gustan más las mermeladas sin tropezones, como a mí, podéis pasar la batidora una vez terminado para dejarla a vuestro gusto.

Con My Cook:
  1. Ponemos en la jarra el zumo de lima y el azúcar. Programamos 5 minutos, 100º, velocidad 3.
  2. Mientras se hace el almíbar, igual que en el caso anterior, preparamos la fruta. En este caso no habrá que trocearla tanto porque las propias cuchillas la triturarán.
  3. Añadimos la fruta y la ralladura de lima y programamos 30 minutos, 100º, velocidad 3.
    Al terminar, podemos optar por dar unos golpes de turbo para triturar más la mermelada, si nos apetece. Si es así, dejaremos enfríar un poco.
Método tradicional:
  1. Ponemos el azúcar y el zumo de lima en una cazuela grande, igual que en los casos anteriores y, mientras se hace el almíbar, lavamos y troceamos la fruta.
  2. Añadimos la fruta y la ralladura de lima y dejamos cocer a fuego lento, aplastando la fruta con un tenedor para que vaya cogiendo textura, durante una hora, más o menos. Tendremos cuidado de remover con frecuencia para que no se agarre.
El resultado es una deliciosa mermelada de ciruelas ligeramente ácida, gracias a la lima, que combina perfectamente con una tostada de pan de molde con un poquito de mantequilla.


En todos los casos, podemos envasar las mermeladas al vacío para que aguanten más tiempo. Como llevan azúcar y, ya lo comenté antes, el azúcar hace de agente conservante, bastará con llenar los botes elegidos, bien limpitos, hasta el borde, cerrarlos bien con tapas que estén en perfecto estado de conservación y darles la vuelta.
Se dejan boca abajo sobre un paño durante varias horas. Yo suelo dejarlos toda la noche. Al cabo de este tiempo, si el paño está limpio es que no ha habido fuga y el bote ha quedado perfectamente cerrado; comprobaréis al abrirlo que hace el clásico "plop" que indica que el vacío estaba hecho.
Aún así, a mí me gusta conservar las mermeladas en el frigorífico.

Si disfrutáis como yo haciendo mermeladas, os aviso, esta no será la última ;) Mientras tanto, podéis ver otras que tengo en el blog. Pinchad en la imagen e iréis directamente a la selección.


Feliz fin de semana.