viernes, 24 de abril de 2015

Tarta de chocolate y nata

Una tarta de chocolate y nata montada, un clásico rico donde los haya. Si a esto le sumamos que el bizcocho que lleva esta tarta es esponjoso, suave pero con un intenso sabor a chocolate, éxito asegurado.


Esta es la tarta que hice para la celebración del más pequeño de los cachorritos de la familia, mi sobri. Él tenía clarísimo que tenía que ser de Pepa Pig, pero yo no quería hacerla de fondant (ja, como si yo supiera trabajar el fondant, no, lo que he querido decir es que no me iba a meter en ese jardín que, por otra parte, tampoco me interesa) y la decoración no es mi fuerte. Así que compré unas figuritas de azúcar de la cerdita en cuestión y listo. Las galletas príncipe mini también tienen explicación:

- Qué quieres que te regalemos para tu cumple.
- Un paquete de galletas príncipe y un cuento.

Me encantan las cosas sencillas que necesita un niño de tres años. Pues aquí está su tarta de Peppa Pig con galletitas príncipe. El cuento se lo envolvimos, por supuesto.

La receta la saqué del blog de mi amiga Isa, Cocina con Reina. Desde que se la vi hace tiempo, la tengo en mi lista de pendientes. Hasta ahora no había llegado la ocasión, pero está tan deliciosa como supuse la primera vez que la vi. Pocas variantes le he hecho, solo que no he añadido las fresas porque la otra tarta que había en el cumple sí las llevaba y que añadí un poco de queso crema para la decoración de la parte superior de la tarta, para que aguantara más firme. Podéis ver la suya pinchando aquí y doy por hecho que conocéis su blog. Si no es así, ya estáis haciendo una visita porque os estáis perdiendo cosas deliciosas. Porque he probado lo que cocina, sé lo que os digo.

Tarta de chocolate y nata

Para el bizcocho:
  • 210 gr. de harina de todo uso
  • 125 gr. de cacao puro en polvo
  • 1 cucharadita y media de bicarbonato
  • 1 cucharadita de levadura química (tipo royal)
  • una pizca de sal
  • 60 gr. de chocolate negro de fundir para postres
  • 250 ml. de agua
  • 250 ml. de buttermilk (pincha aquí para saber cómo prepararla): 250 ml. de leche entera y 2 cucharadas de zumo de limón.
  • 3 huevos
  • 1/2 cucharadita de pasta de vainilla
  • 300 gr. de azúcar
  • 125 ml. de aceite de oliva
Para el relleno:

  • 1 litro de nata líquida para montar (mínimo 33% materia grasa)
  • 6 cucharadas de azúcar
  • 200 gr. de queso crema (tipo philadelphia)
  1. Lo primero es preparar el buttermilk: basta con mezclar la leche con las dos cucharadas de zumo de limón y dejarlo reposar unos 10 minutos. La leche aparecerá como cortada, es normal.
    Reservamos.
  2. Ponemos los 250 ml. de agua a calentar. Cuando rompa a hervir, incorporamos los 60 gr. de chcolate para postres y dejamos que se funda. Reservamos.
  3. Tamizamos la harina junto con el bicarbonato, la levadura, la sal y el cacao en polvo. Reservamos.
  4. En otro bol, batimos bien los huevos con el azúcar hasta que blanqueen. Yo lo hice usando la batidora, más rápido.
    Se añade el aceite poco a poco y se sigue batiendo hasta que la mezcla tome consistencia de mayonesa. Reservamos.
  5. Precalentamos el horno a 175º y preparamos el molde que vayamos a usar pintándolo ligeramente con aceite.
  6. Mezclamos la harina tamizada con el resto de los sólidos con la "mayonesa" dulce, con una espátula de cocina y movimientos envolventes hasta conseguir una mezcla uniforme y sin grumos.
  7. Volcamos la masa en el molde y horneamos a 175º durante 45 minutos aproximadamente, hasta que al pinchar con un palillo en el centro, este salga limpio.
  8. Sacamos del horno y dejamos templar dentro del molde. Si tratamos de desmoldarlo en caliente, se romperá; es mejor que, como mínimo, esté templado.
  9. Desmoldamos, dejamos enfriar completamente sobre una rejilla antes de rellenar. Es incluso conveniente hacer el bizcocho un día (o un par de días) antes y reservarlo en el frigorífico antes de rellenar para que esté más asentado y no se desmigue al cortarlo. Si es el caso, se conserva en el frigorífico envuelto en papel film.
  10. Montamos la nata con ayuda de unas varillas eléctricas o, como en mi caso, de mi My cook poniendo la paleta mezcladora sobre las cuchillas y seleccionando la velocidad 5 sin tiempo, hasta que veamos que la nata ha montado bien, pero con cuidado de no pasarnos u obtendremos mantequilla.
    Iremos incorporando el azúcar hacia la mitad de la operación.
    Ojo: la nata tiene que estar bien fría; si es posible, podemos meterla media horita antes al frigorífico y los utensilios que usemos para montarla estarán bien secos. Yo no los meto nunca al frío porque no tengo sitio, pero si podéis, es un punto a favor también.
    Reservamos en el frigorífico.
  11. Ahora toca una operción delicada: cortar el bizcocho en tres capas para poder montar la tarta. Es tarea fácil si tenéis una buena lira y más fácil aún si os hacéis con una guía como la que a mí me trajeron los reyes magos, es muy chuli y funciona genial:
    *** ***
    Haremos 3 capas de bizcocho. Reservamos.
  12. Llenamos una manga con la boquilla que elijamos con la nata montada. Colocamos una de las capas de bizcocho (la que peor haya quedado) sobre el plato o bandeja en el que vayamos a presentar la tarta y cubrimos con nata montada.
    Colocamos encima otra capa de bizcocho y volvemos a cubrir con nata montada. Tapamos con la última capa de bizcocho.
  13. Mezclamos el resto de la nata con el queso crema, siempre con movimientos envolventes para que la nata no se baje. Si aún la tenemos en la jarra de la My Cook, bastará con ponerla unos segundos a funcionar a velocidad 5.
    Volvemos a rellenar la manga pastelera y ya solo nos queda decorar la parte de arriba de la tarta a nuestro gusto.
Para sostener a los muñequitos lo que hice fue bañar la superficie del bizcocho con una capa finísima de chocolate fundido (unos 50 gr. de chocolate para postres, con una cucharadita de mantequilla, para darle brillo); lo extendí bien con una espátula de silicona y cuando empezó a solidificar de nuevo, clavé los muñecos de azúcar para que se sostuvieran de pie. También podéis cubrirla por completo de nata.

Un truco que usa Isa, en lugar de hacer un único bizcocho y partirlo luego en capas, como hice yo (confieso que lo hice así porque quería estrenar mi lira y mi cortador, eh) es dividir la masa del bizcocho en 3 partes iguales y hornearla por separado. Si no tienes tres moldes, puedes usar los desechables de aluminio que venden en los súper para transportar comida preparada, esos que son iguales a los que usan en los establecimentos de pollos asados. Me parece una idea genial.

El resultado, como veis, es una tarta sencilla, de chocolate y nata sin más, pero muy muy rica. Fue un éxito total y ahora que lo miro con dos semanas de perspectiva, no fue tan complicado hacerla; lo que pasa es que a mí el tema manga pastelera y decoración me pone un poco de los nervios. Pero ahora que tengo un éxito en mi haber, creo que me lanzaré un poco más porque ¡¡me resultó súper divertido!!

Si tenéis un cumple a la vista, esta es una tarta que os recomiendo plenamente. Ya sabía yo que, viniendo de Isa, no podía salir mal.
Pero por si queréis alguna otra idea, pinchad aquí para ver las tartas que hay publicadas en este blog.

lunes, 20 de abril de 2015

Mis utensilios de cocina {peladores}

Hoy inauguro nueva sección en el blog, una sección que he titulado "Mis utensilios de cocina": si hay una cosa a la que los amantes de la cocina somos adictos, es a coleccionar todo tipo de cachivaches. Léase moldes, cortadores, pequeños -y grandes- electrodomésticos, aros de emplatar, platos monos y no tanto, salseras, saleros, cucharitas, boles, batidoras, espumaderas, coladores, escurridores... y un largo etcétera al que no podría poner fin. Y yo no soy una excepción, por supuesto, no podría serlo.

Me ha parecido buena idea ir enseñandoos, de vez en cuando, los diferentes utensilios de cocina que habitan la mía y explicando para qué pueden servir y si realmente son útiles o no. Porque, he de confesarlo, no uso todos los cachivaches -huy, perdón, utensilios- que atesoro en mi cocina como si me fuera la vida en ello.
Así que, a partir de hoy, una vez al més, más o menos, os hablaré de mis utenslios de cocina y he decidido comenzar por los peladores por un solo motivo, ¡¡tengo muchos!! 

Se trata de un instrumento que sirve para pelar verduras. Pues vaya, eso lo hago yo con un cuchillo.
Sí, pero no. Los peladores cortan una capa muy fina, finísima de la piel de las verduras, con lo cual desechamos una parte mínima de ella. Además, en caso de verduras con la piel muy dura, como la calabaza, son casi imprescindibles. Siempre y cuando hablemos de un pelador bueno capaz de pelarla, porque hay algunos... Sí, si tienes un pelador malo, usa un cuchillo bien afilado.

Os presento mis peladores. Esta es la colección completa que tengo en casa. ¿Qué os parece?


Ahora os iré hablando uno a uno sobre ellos, de derecha a izquierda.

Os presento al horroroso pelador, este es una pesadilla. Hasta hace unos días me preguntaba porqué aún lo conservaba. Cuando se me ocurrió la idea de esta entrada lo entendí ;)
Como véis en la imagen, tiene una especie de sierra por el lado opuesto a la cuchilla. A día de hoy no he conseguido para saber para qué sirve, más allá de clavárseme en los dedos cuando intentaba usarlo.
Nada cómodo. No os lo recomiendo.

Este fue el segundo que compré. Es cómodo porque se engancha en el dedo como un anillo con la arandela que se ve en la primera foto y queda fijado a la mano, evitando que se mueva. 
Fácil de usar, minimiza el riesgo de accidentes porque va muy protegido por la cubierta plástica. Puede ser apto hasta para que lo usen los cachorritos, pero no vale para pelar piezas grandes, como una calabaza por la forma de agarre.

Me gusta.


Este me lo compré en la playa y es imitación de una famosa marca de cuchillos de cerámica. Corta bastante bien, el mango es cómodo y suave, pero no se desliza; el cabezal es oscilante para facilitar la labor.
Una pega: al ser de color blanco la cuchilla se va tiñendo del color de las hortalizas y, aunque no sé si se aprecia en la imagen, ahora mismo lo tengo de color anaranjado por culpa de las zanahorias que es una de las hortalizas para las que más uso este tipo de peladores.

Me gusta.


Y ahora os presento a mi favorito. Un pelador súper afilado que permite hacer tiras muuuuuy finas, pero finísimas de vegetales con la que se puede pelar incluso una piña. Palabrita.
El cabezal es también oscilante y tiene muchos accesorios que nos permiten un montón de funcionalidades más, como picar ajos o hacer bonitas decoraciones en frutas y verduras (aunque en este tema aún no he experimentado). Podéis ver, como ejemplo este vídeo


Como conclusión rápida os diré que un buen pelador me parece muy útil en la cocina. Pelar las zanahorias o los calabacines o incluso las manzanas del postre del cachorrito mayor, es mucho más rápido con un cacharrito de estos y, además, se desperdicia mucho menos producto que con un cuchillo. 
¿Qué si es indispensable? No, claro, se puede usar un buen cuchillo bien afilado, pero por el precio que tienen, yo tendría uno en casa. No es necesario que tengáis cuatro como yo, jijiji, pero uno, ¿por qué no?

¿Tú usas pelador de verduras? Puedes contarme tus impresiones.

¡Feliz semana!



viernes, 17 de abril de 2015

Panna cotta de fresas

Las fresas son una de las frutas estrella, un producto muy apreciado con una temporada muy corta, pero muy agradecido en la cocina. 
Están deliciosas solas, lavadas y a la boca, una bomba de vitaminas y fibra. A la cachorrita pequeña le gustan especialmente con leche condensada (no sabe ni nada, la cachorrita pequeña); casi todas las noches durante el tiempo que duran las fresas, este es su postre.
A mí me vuelve loca la mermelada de fresas que es, además, una forma idónea de conservarlas durante mucho tiempo y poder aprovecharlas después en otras recetas, como en un delicioso helado o para hacer una vinagreta ideal para las ensaladas.

Pero en esta ocasión os traigo un postre, un delicioso postre con fresas. Podéis aprovechar esas que se quedan más maduras porque es una de las desventajas de esta fruta, que se estropean muy pronto. En casa solemos hacer batidos con las que ya se quedan un poco blandas o, como hice hace unos días, esta deliciosa

panna cotta de fresas


La panna cotta es un postre italiano que, literalmente, significa nata cocida. A pesar de llevar la misma cantidad de nata que de fruta, este postre no resulta nada pesado y es perfecto para terminar una comida, para merendar o para tomar entre horas.
Yo he querido prepararlo en tarros con tapa porque de esta manera puedo llevarlos a la oficina, pero podéis ponerlo en vasitos o en copas monas y será el remate perfecto para una comida con invitados especiales.

Generalmente la panna cotta se hace con gelatina, pero esta está hecha con agar agar, un gelificante de origen vegetal (proviene de un alga marina) mucho más saludable que la gelatina. Para hacerlo seguí las indicciones que nos da Pilar en su blog Per sucar-hi pa y, aunque yo esperaba una textura menos sólida, lo cierto es que el agar agar ha funcionado perfectamente y ha cumplido su misión. Mini punto para el agar agar. Pienso usarlo más veces.
  • 200 ml. de nata líquida
  • 250 gr. de fresas (pesadas después de lavarlas y quitarles el pedúnculo)
  • 90 gr. de azúcar
  • 2 gr. de agar agar (o 4 hojas de gelatina, si lo prefieres)
  1. Trituramos las fresas con la batidora o, en mi caso, con mi My Cook hasta que estén hechas puré.
  2. Opcionalmente, antes de continuar, podemos pasar el puré de fresas por un colador para que quede más fino y no nos encontremos las semillas en el resultado final. Yo lo hice para que la cachorrita pequeña no pusiera pegas, pero no es obligatorio.
  3. Devolvemos el puré colado a la jarra de la My cook, incorporamos la nata y el azúcar y programamos 5 minutos, 100 ºC velocidad 3. Cuando falten solo dos minutos, añadimos el agar agar y dejamos finalizar.
  4. Dejamos templar un poco en la jarra (para que los tarritos de cristal no se rompan al verter en ellos el líquido caliente) pero no mucho, no vayan a solidificarse en ella. 
  5. Servimos en los moldes elegidos y dejamos enfriar en el frigorífico un mínimo de 6 horas para que cuajen bien.
Para hacerlo sin My Cook, basta con poner a cocer la nata en un cazo junto con las fresas y el azúcar, a fuego medio para que no se agarre y procurando no dejar de remover. Cuando rompa a hervir incorporamos el agar agar y dejamos cocer 2 minutos. El resto es igual.



El resultado es así de apetitoso y como es un postre que ha de consumirse frío y yo soy una frescales ;) esta es mi aportación al sexto (sí, sí, sexto nada menos) reto BBSS que Marisa ha convocado. Recetas frescales y fresquitas, frías o congeladas que no dejen de ser BBSS (buenas, baratas, sanas y sencillas) para que todos, sin falta, podamos acceder a platos saludables, ricos y, además, económicos.



Y a tú, ¿eres un frescales? ¡Demuéstralo sumándote al reto!
*** ***

miércoles, 15 de abril de 2015

Sorteamos un mural de cuna

Hoy no os traigo receta, hoy os traigo un regalito especial para los cachorritos. Pero para los cachorritos muy chiquitines, esos que están a punto de nacer o que han llegado a alegraros hace bien poquito.

Porque hoy, en colaboración con Coimasa, tengo un sorteo.



COIMASA es una empresa textil con más de 35 años de experiencia que selecciona cuidadosamente aquello que estará en contacto con “sus pequeños clientes”, prestando especial atención a los detalles.

COIMASA tiene dos marcas: Bimbi Pirulos (cuyas colecciones son más coloridas) y Bimbi Dreams (con elegantes diseños).  Todos sus productos tienen el certificado Oeko Tex textiles de confianza, que garantiza que los productos no contienen nada nocivo ni perjudicial para los más pequeños, nuestro certificado es el más exhaustivo, también contamos con la garantía de Marca España.

Entre sus artículos encontramos ropita de primera puesta, edredones, protectores, cojines, minicunas, sacos nórdicos y fundas nórdicas, maxicapas de baño, sombrillas, cestas botellero, vinilos, cambiadores, nanas francesas, murales de cuna, sillones, baberos, gasitas, muselinas, cojines de lactancia y maternales, cojines antivuelco, mantitas, arrullos, portadocuemntos, colchonetas, capotas. Un montón de cosas, vaya...

Cuenta con un equipo humano especializado en puericultura, que con profesionalidad y vocación, busca la mayor calidad en los procesos de producción y distribución desde las materias primas hasta el producto terminado que llega a sus manos.

Bueno, pues con toda esta experiencia a sus espaldas, Coimasa ha decidido contar con Cocinando para mis cachorritos para sortear uno de sus productos. Además, nos ha enviado uno a nosotras para que comprobemos y os mostremos que, de verdad, son tan bonitos y tan "de calidad" como los que podéis ver en su página web.

A nosotras el regalo nos ha venido de maravilla porque estamos a puntito de recibir un nuevo cachorrito (será cachorrita) en la familia. Es por eso que la otra cocinillas de este blog, Vanesa, se presenta poco por aquí últimamente y yo estoy emocionada con una nueva sobrina... Pero bueno, que lo que os quiero enseñar es el mural de cuna que nos han enviado para demostrar y que vosotros podáis ver lo bonitos que son sus productos.


Uno igual que este será el que sortearemos durante los próximos días en este blog y que luego ellos se encargarán de hacer llegar al ganador.
Las bases para participar en este sorteo tan chuli son las siguientes:
  1. Seguir en facebook a Cocinando para mis cachorritos (pincha aquí y dale a me gusta)
  2. Seguir en facebook a Bimbi Dreams (pincha aquí y dale a me gusta)
  3. Compartir en vuestro muro (de forma pública porque si no, no podré comprobarlo) el logo del sorteo.
  4. Invitar a 3 amigos a participar en el mismo.
El envío se hará solamente a direcciones de la península y de las islas Baleares. Sentimos no poder enviarlo a otros sitios, pero ya sabéis que en estos casos los gastos de envío se disparan, además de los trámites administrativos. Podéis, no obstante, participar en el sorteo si tenéis algún familiar o amigo que se preste a recibirlo en vuestro nombre.

Tendréis que cumplir estos requisitos antes del 30 de abril a las 10 de la mañana. Ese mismo día se realizará el sorteo y me pondré en contacto con el ganador para que me dé sus datos y poder enviarle su premio. Si en el plazo de 24 horas el ganador no contactara conmigo, repetiré el sorteo.

¿Os animáis a participar? Si lo ganáis, puede ser un bonito regalo para ese bebé que acaba de llegar o está a puntito de hacerlo.



Páginas de interés
Canal Youtube: Bimbi Pirulos 

viernes, 10 de abril de 2015

Albónidigas de pixin {Inés y la alegría}

Inés y la alegría es uno de mis libros favoritos. No me atrevo a decir el que más, pero sí el primero que he leído más de una vez sintiendo siempre la misma emoción y, por supuesto, el primero que leí dos veces seguiditas, una detrás de la otra.
Soy una lectora empedernida, leo (casi) todo lo que cae en mis manos y tiendo a leer muy rápido cuando algo me gusta. Me bebo la historia de un trago.
Con esta novela, estaba tan enamorada de todo los personajes, tan embebida por su historia y tan ansiosa de saber qué pasaba con ellos que cuando llegué a la última página me di cuenta que se me habían quedado detalles perdidos. Así que según la cerré, volví a abrirla por el principio.
Y ya, conociendo a los personajes, pude disfrutar toda la historia de otra forma diferente. Disfrutarla del todo, con mayúsculas.

No me cupo ninguna duda que mi receta saldría de este libro cuando se nos ocurrió la idea de la propuesta #entrelibrosandaelguiso de La cocina typical spanish.

Inés es una mujer fuerte, valiente y decidida, como lo fueron muchas de su época. Inés, lejos de amedrentarse y someterse como otras se vieron obligadas a hacer, decide luchar para vivir. La novela cuenta la historia de su vida, durante la guerra civil española, la posguerra inmediata y su posterior exilio.
La ficción de la vida de Inés se va entretejiendo con acontecimientos históricos y nos ayuda a conocer un poco más algunos episodios de nuestra historia.  Porque no sé vosotros, pero hasta que leí esta novela yo no sabía que un ejército de idealistas, después de haber combatido contra los nazis y haber sido parte importantísima a la hora de recuperar París, había entrado en España atravesando el Pirineo con la intención de derrocar al dictador, que se habían establecido en un pueblecito del valle de Arán y que tuvieron que volver a Francia derrotados una vez más y abandonados por aquellos que debieron apoyarles.
Doblemente vencidos.
A Bossots, el pueblecito aranés en el que establecieron su cuartel general, llega Inés después de haber sufrido en primera persona la justicia de Franco, con dos cajas de rosquillas para salvarse a sí misma, para salvar al comandante Galán.
Pero también para salvar a Comprendes, al Zurdo, al pobre Bocas y a todos esos guerrilleros a través de su cocina. Porque Inés es cocinera. La semana escasa que dura su estancia en Bossots le sirve para ganarse el título que luego dará nombre al restaurante que fundan en el exilio francés "La cocinera de Bossots". Así que esta novela está llena de cocina, de alimento que también lo es para el alma.

Y yo no tenía duda de que mi plato para esta iniciativa tenía que salir de este libro. Primero pensé en los paparajotes, postre humilde de origen probablemente murciano porque uno de los guerrilleros lo describe con tanta pasión recordando a su abuela que casi los saboreé. Pero yo nunca he comido paparajotes y no sabía si sabría prepararlos en condiciones.

Después recordé una escena especialmente emotiva y la sentencia de Galán cuando Inés cocina para él estas albóndigas de pixín, pero a él no le gustan:

- Pues sí que...- después de probarlas apartó el plato con el ceño fruncido y una expresión de disgusto que no entendí- Menuda manera de estropear un pixín.
- ¿Pero qué pixín ni qué pixín? Que esto no es un pixín, que es un rape francés, a ver si te enteras.
- Me da lo mismo- pero nunca le convencí-, yo sé lo que me digo, y a mi me gusta en pixín entero, no triturado, que es una salvajada, pobre animal, si te viera mi madre...
Porque de todo lo que pasó en mi cocina aquella tarde, lo único que me atreví a contarle cuando volvió fue que había aprendido a hacer albóndigas de rape"



  • 1 kg de rape (además de su espina, para hacer el fumet)
  • 1/2 litro de agua
  • 1/2 kg. de langostinos
  • 2 dientes de ajo
  • 2 ramitas de perejil
  • 1 huevo
  • 1 cebolla mediana
  • 2 dientes de ajo
  • 1 tomate maduro picado o rallado
  • 1 vasito de vino blanco
  • pan rallado
  • harina
  • azafrán
  • aceite de oliva, sal, pimienta

  1. Primero de todo, vamos a preparar un fumet, un caldo bien concentrado usando la espina del rape y las cabezas y las colas de los langostinos y el medio litro de agua. Lo llevamos a ebullición y lo dejamos cocer una media hora, hasta que el caldo coja colorcito.
    Si lo hacéis en la olla rápida, como yo, bastarán 10 minutillos.
    Reservamos.
  2. Picamos la cebolla al gusto y reservamos la mitad para el sofrito.
  3. Picamos la carne del pescado y los langostinos crudos, pero sin hacerlos puré. Mezclamos con la mitad de la cebolla picada y con el huevo batido. Ponemos al punto de sal y mezclamos hasta obtener una pasta que nos permita dar forma a las albóndigas. Si fuera necesario, incorpoaríamos algo de pan rallado para que tenga consistencia (en mi caso, tuve que añadir 4 cucharadas de pan rallado y, aún así, quedó un pelín blanda).
  4. Ponemos una sartén con abundante aceite al fuego, damos forma a las albóndigas y enharinamos. Freímos hasta que estén doraditas por todos los lados. Reservamos sobre un papel absorbente.
  5. Preparamos el sofrito:
    Retiramos la mitad del aceite e incorporamos los dientes de ajo pelados y la cebolla picada que teníamos reservada.
    Cuando comience a blaquearse añadimos el tomate frito y damos unas vueltas. Incorporamos el vasito de vino y las hebras de azafrán. Dejamos que se evapore el alcohol y añadimos la mitad del fumet.
  6. Ponemos las albóndigas en el caldo. Si fuera necesario añadiríamos algo más, pero con cuidado de no ahogarlas.
  7. Dejamos cocer unos 5 minutos y servimos. Aunque se trata de un plato que se puede conservar perfectamente en el frigorífico para consumir al día siguiente.

Si os gusta leer y os gusta la cocina, no dudéis en pasaros por el blog de la cocina tyipical spanish porque tendréis el doble de sugerencias esta vez: muchos platos apetitosos y muchos libros intersantes.

"Cocinar, pensé, cocinar, decidí, cocinar es lo importante, tengo que cocinar muchos platos salados y dulces, contundentes y ligeros, de cuchara y de tenedor, vaciar la despensa y volver a llenarla para conjurar el peligro, para proteger a los hombres que tienen que volver a casa a comérselo todo, para salvar mi amor, por amor, cocinar todo el día" (Inés, Bossots, octubre de 1944)
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martes, 7 de abril de 2015

Irish soda bread

El pan de soda es una excepción a todas las reglas del pan: se trata de un pan rápido que no necesita levados, que se hace sin amasar y que no lleva levadura. Vamos, es un no-pan.
Se dice que es un pan que preparaban las mujeres irlandesas cuando recibían una visita inesperada en casa y no tenían nada que ofrecerles porque se prepara muy rápido. Tradicionalmente se hacía con bicarbonato (de ahí lo de "soda") que reacciona con el suero de leche y hace que suba en el horno. Esta versión tengo que probarla en otra ocasión, pero la que os traigo hoy está hecha con levadura tipo royal, la que casi todo el mundo, inmerso o no en el mundo de la panadería, tiene en casa.

Se trata, por una parte, de un experimento que quise hacer ya que el otro día me dijo mi tía que había hecho pan y le había salido fatal. Claro, lo había hecho usando levadura royal y sin levado; así, no me extraña, le dije. Y le conté todo el rollo de los levados, la levadura de panadería y blablablá, mientras me miraba un poco perdida.
Pero, ya en casa (yo es que soy así, de reacciones tardías) me acordé de este pan al que hacía tiempo que le tenía ganas y, claro, ya no me quedaron excusas para no hacerlo.

El resultado, tengo que decir que me ha impresionado bastante. Se trata de un pan sabroso, de textura diferente a los panes a los que estamos acostumbrados, quizá más cercano al pan de molde y que ha aguantado bastante bien durante 3 días en la panera.
Tostado por la mañana con un poco de mantequilla, queda espectacular.


Eso sí, puesto que no lleva levados, no desarrolla los aromas como otros panes, así que el toque de miel me parece imprescindible. Eso y, como dice Ibán Yarza -porque la receta, una vez más, es de su libro- usar harinas de buena calidad.
  • 245 gr. de harina integral de trigo
  • 105 gr. de harina panificable (para conseguirla, mezcla 50 gr. de harina de fuerza con 55 gr. de harina de todo uso)
  • 3 cucharaditas de levadura química, tipo royal.
  • 280-300 gr. de agua
  • 35 gr. de miel
  • 7 gr. de sal
  1. Precalentamos el horno a 220ºC
  2. Preparamos el molde: lo engrasamos con mantequilla (yo lo hice pincelándolo con aceite de oliva) y lo espolvoreamos con un poco de harina.
  3. En un bol mezclamos todos los ingredientes, ayudándonos de una espátula de silicona. El resultado no es una masa, es más bien un engrudo, una papilla de aspecto un poco raro, no muy apetecible, pero es normal.
    Lo ponemos en el molde, cuidando de que llegue hasta la mitad o poco más.
  4. Espolvoreamos por encima con un poco más de harina y horneamos durante unos 40-45 minutos.
Antes de consumirlo, lo dejamos templar un poquito para no quemarnos al sacarlo del molde. Si no se consume inmediatamente, mejor lo dejáis sobre una rejilla hasta que se enfríe del todo para que no se reblandezca.


Como os he dicho, un pan muy apañado y muy resultón, perfecto para apuros, ay, que se me ha terminado el pan, a ver qué les doy ahora de merendar a los cachorritos o para quienes se están iniciando en el mundo del pan porque no puede salir mal.

Como véis, yo he usado un molde tipo cake. Se trata, en realidad, de un molde especial que tengo para hacer pan de molde, de manera que el pan sale estriado y nos deja con la guía para ver por donde rebanarlo. Pero podéis hacerlo con cualquier molde alargado o, incluso, redondo, como más os guste. Solo variará la forma del pan.


Si no tienes nada pensado para merendar hoy, ¡no tienes excusa para prepararlo!

     

domingo, 5 de abril de 2015

Carrot cake

Llevaba yo una temporada larga queriendo probar un carrot cake. O, lo que viene a ser lo mismo, un bizcocho de zanahoria. Hice uno hace unos cuantos siglos y lo recordaba rico, pero este, este... ¡este está de muerte!
Se trata de un bizcocho muy esponjoso, muy suave y que, salvo por el color, nadie diría que lleva zanahoria entre sus ingredientes. Y es que yo, en lugar de rallarla, la hice puré porque no quería que los cachorritos se echaran para atrás al ver trozos de zanahoria en el bizcocho. En las imágenes veréis algún trocito que quedó menos triturado que los demás y me lo echaron en cara, vaya que sí. 
- ¡Es de zanahoria!- exclamó la cachorrita pequeña al descubrirlo.
- Sí, es que he hecho el bizcocho de zanahoria de Máster Chef Junior.
- ¡Ahhhh!, el que hizo Martina- Y, admiradora como es ella del programa, no pudo dejar de comérselo y de reconocer que estaba muy muy rico.


Pues sí, este es el bizcocho de Máster Chef Junior o, para ser más exactos, el de Samantha porque hoy inauguro participación en un nuevo reto culinario. Se trata de Cooking the chef, que nos invita mes a mes a cocinar recetas de alguno de los mejores chefs del momento. Y abril ha sido para Samantha Vallejo Nágera.

Voy a comenzar confesando: me quedé un pelín chafada cuando me llegó la propuesta pues no es que esta mujer fuera santo de mi devoción. Pero reconozco que en cuanto comencé a ver sus recetas cambié de opinión.
Me ha gustado su cocina, asequible, sana, muy de mi gusto, muy de mi blog, con verduras muy variadas, platos vistosos pero sencillos.

Podéis ver todas las versiones pinchando en la imagen:

También he de decir que esta no fue mi primera elección. Pensaba haber hecho las milhojas de brócoli y espinacas (que Samantha llama lasaña de verduras), pero al final las usé para otra cosa y aprovechando las ganas que ya os he dicho que le tenía yo al carrot cake, me decidí por este.
He prescindido de la crema de queso porque no quería cargarlo de calorías innecesarias y porque, de esta manera, me parece un bizcocho más "de diario". Si queréis hacerlo en versión tarta, preparáis el frosting de queso tal como os diré al final de la receta y lo vestís de fiesta, ¡será igualmente delicioso!
  • 4 huevos
  • 120 gr. de harina de todo uso
  • 150 gr. de azúcar
  • 1 cucharadita de levadura química (tipo royal)
  • 1 cucharadita de canela en polvo
  • 4 cucharadas de aceite de oliva
  • 150 gr. de zanahoria (en mi caso, usé 2 zanahorias medianas que, una vez peladas, pesaban 180 gr.)
  1. Precalentamos el horno a 200º.
  2. Pelamos las zanahorias, le quitamos los extremos y trituramos, 1 minuto, velocidad 10 en la My Cook.
    Si no tienes My cook, puedes hacerlo con una picadora eléctrica o, incluso, con un rallador manual. Reservamos
  3. En la jarra de la My Cook colocamos el resto de los ingredientes y programamos 5 minutos, velocidad 5.
  4. Una vez mezclados los ingredientes, incorporamos la zanahoria rallada y programamos 30 segundos, velocidad 5 para que se integren bien. Se trata de una masa bastante líquida.
  5. Engrasamos un molde apto para horno y volcamos la masa en él.
    Yo usé moldes individuales de siliciona, para hacer bizcochitos pequeñitos.
  6. Horneamos a 170º durante 40 minutos (menos, en el caso de los bizcochos individuales) o hasta que al pinchar en el centro con un palito, este salga limpio.


Si quieres preparar el frosting de queso, mezcla queso de untar, tipo philadelphia con azúcar glass (aproximadamente la mitad de azúcar que de queso). Se bate bien hasta que se integre antes de rellenar o decorar con esta mezcla los bizcochos. Puedes incorporar también nueces picadas.

Os confieso, después de mi reticencia inicial, que este bizcocho se ha convertido en uno de mis favoritos y que lo repetiré en más de una ocasión porque me parece súper saludable (pocas grasas, poca harina, vegetales entre sus ingredientes) y se puede incluso mejorar poniéndole harina integral. Incluso valoro la opción cupcake saludable con esta base, ¡tiene que estar divina!

¡Disfrutad de lo (poco) que queda de las vacaciones de semana santa!

miércoles, 1 de abril de 2015

Fajitas mexicanas {child style}

Los viernes y sábados tratamos de hacer cenas divertidas, diferentes en las que los cachorritos puedan participar, cocinándolas o después, montándolas a su gusto.
Llevaban mucho tiempo queriendo probar las fajitas mexicanas; siempre que piden alguna comida algo exótica o diferente de lo que solemos comer en casa es porque lo han visto en la tele. Estas, en concreto, no sé de dónde las sacaron, pero me gusta porque así podemos ir conociendo costumbres de otros lugares del mundo.
Aunque siempre, como es lógico, nosotros las adaptamos a nuestra cocina, nuestros productos y nuestros gustos.
Estas fajitas, en concreto, son mexicanas solo de nombre porque no pican ni tienen productos que no podamos encontrar en nuestros mercados y la forma de cocinarla es muy de aquí... 
Y lo de "childs style", vosotros me entendéis, hace referencia a la ausencia de picante. No sé si los niños mexicanos estarán acostumbrados a comidas fuerte, pero a mis cachorritos no les gusta. Vamos, el molinillo de la pimienta es un objeto decorativo en mi cocina porque no les gusta, así que...

  • 2 tortitas de trigo o maíz por persona.
  • 500 gr. de ternera (o pollo) -un filete grande cortado fino-
  • 2 zanahorias grandes
  • 1 puerro mediano (puedes sustituirlo por media cebolla)
  • 1 tomate
  • 1 pimiento rojo o verde, el que más nos guste (en nuestra casa no gusta ninguno, así que no lleva)
  • sal
  • aceite de oliva
  • un diente de ajo
  1. Lavamos el tomate y lo cortamos en dados pequeños. Reservamos.
  2. Limpiamos los restos de grasa de la carne y la cortamos en tiras finitas. Salpimentamos al gusto y reservamos.
  3. Lavamos las verduras, pelamos las zanahorias y las cortamos todas en juliana. Reservamos en cuencos independientes.
  4. Ponemos al fuego una sartén o wok, con una cucharada o dos de aceite de oliva. Incorporamos el diente de ajo y vamos saltenado las verduras primero una y luego otra, reservando la que ya esté lista en cuencos separados.
    No os olvidéis de ponerlas al punto de sal.
  5. Cuando las verduras estén listas, hacemos lo mismo con la carne, saltearemos hasta que esté hecha. Al estar cortada en tiras finas, tardará poco, 3 o 4 minutos. La colocamos en otro bol.
  6. Ya solo nos queda montar las fajitas, poniendo en cada tortita los ingredientes que cada comensal prefiera. Los cachorritos prescindieron del puerro, por ejemplo. Los papás echamos de todo.
Se come recién hecho, cuando los ingredientes estén aún calientes, ¡riquísimo! y una cena bien completa con mucho ingrediente vegetal.

Y a vosotros, ¿os gustan las fajitas mexicanas?

P.D.: Estos días de fiesta estaré un poco ausente, disfrutando del aire libre y de los cachorritos. Espero que vosotros también podáis desconectar un poco, ¡feliz descanso!

viernes, 27 de marzo de 2015

Mini pizzas {la merienda favorita del cachorrito mayor}

Los efectos secundarios de que a mamá le guste la cocina, es que los cachorritos se vuelven unos gourmets.. Sí, sí, tengo dos pequeños gourmets en casa que opinan sobre los ingredientes utilizados, sobre los que debería suprimir o añadir, sobre el tiempo de cocción de los platos y cosas del estilo.
Y no lo digo de forma simbólica, no, es totalmente cierto.
Así que no se me ocurrió nadie mejor que el cachorrito mayor para que probara este queso que me envió la empresa Arla, a través de la página trnd.
 
Se trata de una mozzarella ideal para los niños porque tiene forma de puzzle, ¡muy divertido! Y, además, yo que fui picoteando mientras la preparaba (oye, ¡siempre me han dicho que los cocineros tienen que probar sus platos!) la verdad es que está muy rica.


El caso es que decidí ponérsela en esta merienda porque es la que más le gusta del mundo. Se lo hice una vez para aprovechar un resto de pan que se había quedado un poco seco y le encantó. Desde entonces, me la pide de vez en cuando y mínimo una vez a la semana cae. Él lo llama mini pizza, así que este nombre le he dado yo.
  • 2 rebanadas de pan casero.
  • 2 cucharadas de tomate frito
  • queso mozzarela finello puzzle (u otro queso tipo mozzarella o que funda muy bien)
  • embutido al gusto (en esta ocasión, chorizo de pamplona)

  • Untamos las rebanadas de pan con el tomate frito
  • Colocamos por encima el queso elegido y el embutido y terminamos con un poco de queso para que se dore.
    Mirad en la imagen qué mono es el queso que me enviaron, con forma de piezas de puzzle.
  • Doramos en el horno unos 10 minutos o hasta que el queso esté fundido y doradito por la parte superior.
    En lugar del horno, se puede usar un grill pequeño u hornillo para gastar menos energía, depende de la cantidad de mini pizzas que vayamos a preparar.
Seguro que si le llevas esta merienda a la salida del cole a tus cachorritos, triunfarás.

¿Qué opinas de este queso?